La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Narwä Hilyatâri: Sociedad, Historia y Cronología

Tema fijado

Sociedad

Los Nurulantâr

Los únicos que poseían derechos políticos eran los Nurulântar propiamente dichos, es decir, aquellos que habían superado con éxito el Narwänolmê, y además poseían una propiedad suficiente como para permitirle sufragar los gastos de su ciudadanía.

Como sociedad, se dividen en varias castas, o clases, aunque dichas clases no eran totalmente estáticas, pues se podía pasar de la clase superior a la inferior, o viceversa. En general, la clase venía determinada por el valor en la batalla, además de por el nacimiento o la propiedad.

La primera casta formada por la nobleza Nurulânte, son los Táwar. Su condición venía dada por el nacimiento, y eran los que ocupaban los cargos más importantes en el ámbito político, militar y sacramental. Pero si bien su condición estaba marcada por su nacimiento, su estatus podía mermar en caso de no superar el Narwänolme, o de demostrar cobardía en el combate.

En ambos casos estos ciudadanos eran denominados con el término de "mâgâ" (los "manchados"), y se los sometía a toda clase de desprecios y vejaciones: obligación de pagar el impuesto de soltería, expulsión de los equipos de juego, de los coros, de las comidas en común, etc. Su estado de marginación les obligaba al estado de siervos, como los Hekenâ, si bien les estaba permitido redimir su deshonra mediante la guerra.

Los Tawar se dividían a su vez en dos grandes grupos. Por un lado, los Maktâr (guerreros), y por otro, los Ayamân (sacerdotes).

La segunda casta estaba formada por los Makar. Comerciantes, artesanos, constructores, arquitectos, y en general, cualquier oficio libre de ejercerse. Ejercían plenos poderes políticos y militares según su nivel adquisitivo.

El nivel adquisitivo influía cada vez más en la vida de los Nurulântar, y los Makar poco a poco conseguían ascender en su estatus gracias a ello, pues podían inscribir a sus hijos en el Narwänolme por un alto precio. A pesar de ello, no eran muchos los Makar que superaban las terribles pruebas del Narwä, y regresaban con vida de su primera batalla.

La tercera casta estaba formada por los Hekkêna (Excluidos). Con la categoría de siervos de los Tawar y de los Makar, y están adscritos a la propiedad a la que pertenecen, pueden casarse y tener hijos y se quedan con los frutos de su trabajo una vez deducida la renta que le corresponde al titular de la hacienda. De modo excepcional, los Hekenâ podían ser reclutados para el ejército y liberados luego, pasando en éste caso a ser Makar.

El paso de la segunda y la tercera casta estaba asegurado en cambio, si, según los rituales de los Nurulântar, un Makar o un Hekenâ demostraban poseer el Onnar de un guerrero. Ésta situación se producía de forma puramente accidental, pues para demostrar que el espíritu guerrero reconocía a un igual, debía dejar una herida y una marca reconocible en ella. Éste tipo de casos se producían de forma totalmente ocasional, y esporádica. No obstante, además de ésta prueba, debían superar igualmente el Narwä, y demostrar su valor en el campo de batalla.

Existe un cuarto grupo, que no se incluye entre sus clases sociales, pero que con el tiempo comenzó a formar parte de la sociedad Nurulânte. Son los Edlâr (viajeros), principalmente extranjeros acogidos en sus tierras, son mantenidos al margen del cuerpo cívico, que les niega cualquier derecho político. Aunque libres, jamás participan en decisiones. Poseen el monopolio del comercio y comparten el de la industria y la artesanía con los siervos. Entre los Edlâr también hay campesinos, reducidos a cultivar los terrenos menos productivos.

La Educación Nurulânte: El Narwänolme

Se caracteriza por ser obligatoria, colectiva, pública y destinada en principio a los hijos de los Nurulântar, pero sobre todo por estar enfocada principalmente a la guerra y el honor.

A los diez años se arrancaba a los niños de su entorno familiar y pasaban a vivir en grupo, bajo el control de los Túher, en condiciones paramilitares. A partir de entonces, y hasta los treinta años, la educación se caracterizaba por su extrema dureza, encaminada a crear soldados obedientes, eficaces y apegados al bien común, más que a su propio bienestar o a su gloria personal. Los muchachos debían ir descalzos, sólo se les proporcionaba una túnica al año y ningún manto, y, sometidos a una sub alimentación crónica, se les fuerza a buscarse su propio sustento mediante el robo. Las disciplinas académicas se centran en los ejercicios físicos y el atletismo, la música y la danza, y los rudimentos de la escritura y la lectura.

Sistema Político

La Kwarä

Es la reunión de todos los Nurulântar, convocados en fechas fijas. Corresponde a la Kwarâ aprobar o no las propuestas del Khotsê, si bien no es de forma vinculante, y toma su nombre de su forma de votación, que es mediante el puño alzado. Es en la Kwarâ donde se elige a los miembros del Khotsê.

El Balî

Inicialmente, antes de la Gran Guerra, el poder del Balî era esencialmente militar, y se trataba de un cargo electo. Pero después de la Gran Guerra, se produjo un gran caos entre los Nurulântar, y Engel se alzó en el poder, nombrándose Balî, y asumiendo el control militar, político y religioso.

El Khotsê

El Khotsê o Consejo estaba constituido por el líder y por otros treinta hombres y mujeres, elegidos por la asamblea. Elegidos por su sensatez y su capacidad militar, la mayoría de los Khotsêri pertenecían a las grandes familias de los Nurulântar, pese a que en teoría cualquiera podía presentarse al cargo.

El papel político del Khotsê era de gran importancia y no rendía cuentas a nadie. A él le correspondía el monopolio de la propuesta y la elaboración de nuevas leyes, estaba encargado de gestionar todos los asuntos de la política interna y tenía derecho de veto sobre las decisiones de la Kwarâ.

Así mismo constituía una especie de tribunal supremo que juzgaba los delitos y podía imponer la pena de muerte o la pérdida de los derechos cívicos. Ellos eran los que vigilaban el respeto a las tradiciones, imponían sanciones y penas de prisión y podían ordenar ejecuciones. También se hacían cargo de los asuntos exteriores, ejecutando las decisiones de la Kwarâ (presidida por ellos), ordenando movilizaciones y tomando cualquier decisión urgente que fuera necesaria.

[Editado por Indil el 04-08-2007 03:12]

Hoy como ayer la sangre está vertida.

Hoy como ayer latente está la afrenta,

que a través de los siglos

en su cuenta

acumuló mi clase escarnecida.

El Otomasse

La composición de ejército de los Nurulântar se da en primer lugar en base a la especialización de sus guerreros. Sobre todos ellos, la figura del Artakâno, quien ostentaba el mayor poder militar (solamente por debajo del Balî) al mismo tiempo que los representaba en el Khotsê.

Los Baryâr, Sacerdotes Guerreros. Son la representación sagrada de los Espíritus. No entran en combate directamente, salvo que sea estrictamente necesario. Su función principal es el uso del poder de los Espíritus. Junto con los Baryâr se encontraba otro grupo sacerdotal, de suma importancia. Eran los Terhati, también llamados los Despiezadores. Ellos eran los encargados del despiece de cadáveres en los campos de batalla, y de dar sepultura a los restos desechados.

El Otomasse es la Hermandad del Ejército, que engloba a su totalidad. Se divide a su vez en varios grupos, según sea su grado de especialidad.

En primer lugar, los Hramahtâr, Los Salvajes. Es el ejército profesional de los Nurulântar, y por lo tanto, la élite. Estos se dividen a su vez en:

Los Rokkêrni, jinetes y domadores de caballos. Su arma principal era la espada, pero también podían utilizar arcos y lanzas.

Los Ehtyar, lanceros.

Los Philinar, arqueros.

Los Artamahtar, la infanteria en general.

En segundo lugar, los Rimbâr. En este grupo se englobarían los Makar y los Hekenâ, cuya participación en la guerra es ocasional, tanto si era voluntaria como obligatoria.

Dentro de la estructura del Otomasse, se encontraban los Turhêr, los Instructores. Ellos eran los encargados de llevar a cabo la educación de los Nurulântar.

En este grupo estaban los Istimar, los Maestros, expertos en cada una de las armas, técnicas, estrategia.

Los Nólar, Maestros en otras actividades, escritura, lectura, arte, música.

Así mismo, dentro de los Turhêr se encuentran los Maestros de los Animales. Los Farothar, especializados en depredadores terrestres, y los Soronar, los cetreros, especializados en depredadores alados.

Como un grupo aparte se encuentran los Hyólar, Los Músicos, especializados en ritmos de guerra.

Cada uno de estos grupos se divide a su vez en función de una clásica jerarquía.

Arkenar, los Generales. Cada compañía llevaba siempre al menos, un Arken.

Compañía: 1800 soldados - 3 batallones

Túrer, los Comandantes. Cada compañía debía llevar al menos un Túre, pero normalmente eran tres. uno por cada batallón.

Batallón: 600 soldados - 5 escuadrones.

Térar, los Capitantes. Un Tëra capitaneaba un sólo escuadrón dentro de la compañía.

Escuadrón: 120 soldados - 15 pelotones.

Kánar, los Sargentos. Dentro de cada escuadrón, cada Káne organizaba su propio pelotón.

Pelotón: 8 soldados - 2 escuadras

Teldar, los Cabos. Al ser su función la de ejecutar órdenes, podía haber más de un Teldo en cada pelotón.

Escuadra: 4 soldados.

Siendo el cómputo total de habitantes de Narwä Hilyatâri, según el censo de 1600 SE de 18.932 habitantes, el cómputo del ejército regular en tiempos de paz es de 6000 efectivos totales.

Esta cifra ascendería en tiempos de guerra a 8000 efectivos, pues muchos de los Táwar no ejercen funciones militares continúas, sino que prefieren centrarse en labores políticas y/o sacerdotales.

En caso de extrema necesidad, se podría forzar también el alistamiento entre los Makar y los Hekkena, ascendiendo el total de efectivos a los 10000 soldados.

[Editado por Indil el 27-08-2007 13:08]

[Editado por Indil el 27-08-2007 20:23]

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El Airassë

El Airassë es la Hermandad de Sacerdotes Nurulânte, y engloba en ella tanto la orden sacerdotal de los Anamar, “Sacerdotes de la Muerte”, como la de los Faironnar “Sacerdotes de los Espíritus”.

Si bien el orden de los Nurulântar se centraba en la guerra, el honor, y en la muerte, habían logrado sobre todo un perfecto equilibrio con los espíritus animales que representaban esos mismos conceptos.

El Onnar o Tótem representaba el vínculo de un Nurulânte con su espíritu vital en la naturaleza, pero no todos los espíritus eran válidos. El Onnar debía representar su alma guerrera, y era por lo tanto necesario que su espíritu vital estuviera relacionado con la guerra y la muerte. Sólo los depredadores o carroñeros podían representar el espíritu de un Nurulânte.

Eran los Faironnar los sacerdotes que regían ese vínculo. Ellos eran así mismo los encargados de percibir, al poco de nacer, el Onnar del Nurulânte, y quienes llevaban a cabo el Onnar Tenwë.

El Onnar Tenwê era un rito individual que se incluía dentro de la Instrucción de los Nurulântar. A los 15 años, el niño era abandonado a su suerte en una zona seleccionada por los Faironnar, tan sólo equipado con su túnica, un trozo de pan, y una pequeña daga. Allí, debía ser encontrado por el espíritu animal que representaba su Onnar. En una lucha cuerpo a cuerpo, debía ser marcado por su espíritu, antes de acabar con su esencia vital. Pues el espíritu sólo marcaba a aquellos que identificaba como iguales.

En caso de que el niño pereciera durante la prueba, se consideraba un hecho especialmente afortunado para la familia del niño, pues se creía que el vínculo había sido tan fuerte que el espíritu había decidido llevárselo con él.

Pero en caso de que el niño, a pesar de sobrevivir o incluso de haber matado al espíritu animal, no hubiera sido marcado por él, significaría que no era lo suficientemente digno para su espíritu, y por lo tanto significaba su marginación social. El niño pasaba a ser un Mâgâr y con el tiempo, se convertiría en un Hekenâ.

Los Anamar formaban parte de los ritos más ancestrales de los Nurulântar, pues ellos eran quienes controlaban La Nuru, La Muerte, y todos los ritos relacionados con ella. Dentro de los Anamar se encontraban los Baryâr, Sacerdotes Guerreros, quienes invocaban a los Espíritus Muertos en el campo de batalla.

En relación a este hecho, la Instrucción Nurulânte concluía con un ritual colectivo, en el que el Nurulânte se enfrentaba por primera vez a la visión de los Espíritus Muertos, quienes serían sus futuros compañeros de batalla.

Dentro de ambos grupos se estableció una jerarquía similar.

Los Acólitos o Meinâr. La mayoría de ellos procedían de los Tawar, pero con el tiempo también los Makâr fueron escogidos como acólitos.

Los Maestros, o Ainâr. Ellos eran los responsables de la gestión del templo, y de los oficios habituales, así como de la instrucción de los Meinâr.

Los Altos Maestros o Axanâr. Eran 10, elegidos así mismo entre los Ainâr. Su función era más bien política. Oficiaban sobre todo los grandes rituales colectivos organizados por el Khotsê. También eran el nexo de unión con el Khotsê, pues 5 de ellos, elegidos por la Asamblea, formaban parte del Khotsê.

El Templo

Oiomurë era la colina sagrada de los Nurulántar. Sobre ella crecía un bosque antiguo, espeso, húmedo y salvaje, que persistía bajo una eterna bruma. A sus pies los Amanyâr establecieron un gran templo, que abrazaba la colina con dos grandes semicírculos.

Uno de ellos fue construido en mármol negro con delicadas vetas rojas. Era el Korinfirë, el Templo Anamâr. Una escalinata ascendía hasta un impresionante pórtico columnado, cuyos capiteles estaban decorados con siniestras representaciones de espíritus y muerte.

Era el Korinfirë un lugar muy importante para los Nurulântar, pues su función incluía la tintura en sangre de las telas empleadas por el Otomassë para confeccionar sus uniformes. Y también era allí donde se iniciaba el proceso de creación de puntas de flecha y lanza, todas ellas realizadas en hueso. También participaban en la creación particular de todo tipo de abalorios y adornos, que incluían dichos materiales.

Por esa razón, el Korinfirë incluía talleres textiles con pilas llenas de sangre, grandes almacenes y alacenas, y talleres.

Al otro lado de la colina se encontraba el Korinsúlê, construido en mármol blanco con vetas rojas. Su arquitectura era así mismo el reflejo del templo anterior, pero los capiteles de las columnas estaban decorados con imágenes totémicas de los Onnar, cuyos espíritus se habían fundido con los Nurulântar. Eran por lo tanto imágenes terribles de máscaras deformes.

Los Envinyâr

Como un grupo aparte se establecían los Sanadores, aunque por cuestiones puramente prácticas, se habían establecido cerca del Templo, en Envinyarinar. Dentro de los Envinyâr también había un grupo de Meinâr, pero su organización incluía además los Maestros Sanadores, o Vinkâr, y el Envinyê, Gran Maestro.

[Editado por Indil el 29-07-2007 01:11]

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Historia

De los Nurualda

El tiempo ha borrado el recuerdo de cómo llegamos a éstas tierras arboladas. Un largo camino fue, sin duda, desde Cuivienén. Empujados siempre por la sombra que se extendía, incluso antes de que el Sol y los Primeros Nacidos iluminaran Arda, nos dirigimos siempre hacia el Este. Buscando una tierra, y un hogar.

Sabemos sin embargo que no éramos muchos. Y no todos los que iniciamos el viaje, terminamos de recorrerlo. Pero el camino seguía, y sembramos Arda de pequeños pueblos. Qué habrá sido de ellos, nosotros no lo sabemos. Pero allá en el Este están nuestros hermanos, aquellos que sólo hemos de volver a ver en las Estancias de Mandos.

Nosotros fuimos los Abâri. Los Renuentes. Nos alejamos de la Luz de Aman buscando un hogar que nos fuera propio, no sin temor, tampoco sin vergüenza. Sólo Yavanna se apiadó de nosotros. Eso aún lo recordamos. El viaje llegó a su fin en estos bosques que hoy guardan los Anales de los Nurualdar, y que recogen un principio que fue hermoso, pero que hoy se ha perdido.

Al principio hubo dudas. Desconfianza. Y desconcierto. Muchos de nosotros deseaban seguir el camino. Porque más allá del mar debíamos encontrar Valinor, y quizás, nuestro viaje así se completara. Pero lejanos rumores de una maldición llegaron a nosotros, y comprendimos que la sombra, aquella de la que habíamos huido, todavía permanecía allí.

Entonces Yavanna apareció ante nosotros, y su Luz iluminó los bosques oscuros, desvelando toda su belleza. Y nos habló entonces del Equilibrio. Y del ciclo de la vida que se haya en la naturaleza. Y nosotros la escuchamos, maravillados, intentando absorber toda la sabiduría que había en sus palabras. Y finalmente Yavanna dijo:

- De los Olvar y Kelvar recibiréis por mí de un Don especial. Pues seréis ahora mi pueblo. Un Espíritu habitará en vosotros, y de éste haréis un solo ser.

Y les habló entonces del Onnar, el símbolo del Espíritu que cada uno de ellos llevaría dentro, desde entonces y hasta el final de los tiempos.

Y Yavanna designó a un Maia para que a partir de aquél momento sembrara, en cada niño nacido en su seno, el Espíritu adecuado. Nosotros le llamamos Earalatava, El Sembrador.

Comprendimos entonces que a la sombra de los árboles habíamos encontrado por fin el hogar que siempre buscamos. Bajo la sombra de las montañas de La Piedra Blanca, Ondoninkwe, fundamos una ciudad, pequeña al principio, pero que con el tiempo se fue haciendo más grande. Y la llamamos Leolôsse, La Sombra Blanca.

Y encontramos las enormes canteras de piedra blanca, de especial dureza y brillo, pues nunca perdían su color de nieve. El nink, con las que construimos nuestros hogares. Pero fue entonces cuando descubrimos que Ondoninkwe escondía en su interior un pueblo que se había establecido allí mucho tiempo antes. Los hijos de Aule, los Naugrim.

Pronto descubrimos su carácter agresivo. Y entonces recordamos de nuevo la sombra. Pero algo había cambiado en nuestro interior. Muchos de nosotros decidieron que sobre todo, debíamos permanecer. Muchos otros, decidieron luchar.

Ese fue el inicio de la división que más tarde sería nuestro fin. Fue la primera vez que nuestros Onnar se manifestaron. Y aquellos que decidieron permanecer, aferraron sus raíces, pues llevaban en su interior espíritus de los enormes árboles de Aldalaure. Pero aquellos que decidieron luchar, afilaron sus garras, pues llevaban en su interior espíritus de los animales salvajes de Rómenor.

Las murallas blancas se alzaron entonces cercando nuestra ciudad. Y fue también entonces cuando comenzaron a funcionar las primeras armerías, una labor que pronto dominamos, pues muchos de nosotros descendíamos de los Noldor.

Comenzó entonces una guerra que se alargó en el tiempo, pues las canteras de piedra blanca eran un preciado valor tanto para los Stinthâr como para nosotros. Y al mismo tiempo, desarrollamos nuestros rituales. Los Ritualistas. Esos somos nosotros. Los Nurualda. Pero la semilla de la división también se había sembrado en nosotros.

El Equilibrio guió al principio estos rituales. Ofrecidos a la Vida, pero también a la Muerte. Pues ambas eran parte del mismo ciclo de la vida, que reconocíamos por encima de todas las cosas. Pero también incluimos a los Olvar y a los Kelvar, quienes habitaban en nosotros por medio de nuestros Onnar. Y recordamos a nuestros caídos también con rituales, anhelando que sus almas siguieran vivas aún en la muerte, e invocando a los espíritus que partían dejando su cuerpo atrás.

Pero con los años el Equilibrio se perdió. Ni siquiera fue una cuestión de elección personal. Nuestros Onnar establecieron la diferencia. Y aquellos que celebraban la vida no entendieron la celebración de la muerte, y aquellos que celebramos la muerte perdimos interés en la celebración de la vida.

Pronto esta diferencia se convirtió en una selección natural que originó dos grupos divididos. Y los que alababan la vida se llamaron así mismos Aldalântar. Y los que alabábamos la muerte nos dimos el nombre de Nurulântar. Y entre ambos nos dimos muchos otros nombres, muchas veces despectivos. Pues deseábamos diferenciarnos, pero sobre todo, deseábamos imponer la hegemonía de nuestros rituales.

Y los años se sucedieron en el camino trazado en su destino. Los Aldalântar y los Nurulântar, elfos ritualistas viviendo en frágil equilibrio. Sabiduría y deseo de poder cohabitando en frágil armonía.

Con el tiempo, cada grupo se especializó. Los Aldalântar se centraron poco a poco en la vida sacerdotal, y sobre todo, ostentaban mayor poder en la Asamblea. Eligieron un líder, el Balta. Y con el tiempo sus decisiones se tornaron cada vez más restrictivas y radicales hacia nosotros.

Por el contrario los Nurulântar y nuestros rituales de muerte ocupamos el ejército, y nuestro modo de vida se centró en la guerra y el honor exclusivamente. Pero a pesar de que nosotros mismos lo habíamos elegido, sentimos que habíamos sido relegados por los Aldalântar. Y en parte teníamos razón. Pues sólo en la muerte veían sentido los Aldalântar a esos rituales que consideraban cada vez más una abominación, renegando de su sentido original.

Se creó un nuevo estatus para ambos grupos, pero no podía permanecer por mucho tiempo. Cuando los conflictos se acrecentaron, y la situación fue para nosotros insostenible, los Nurulântar tomamos por la fuerza el poder de la Asamblea. Y fue entonces cuando los Aldalântar quedaron marginados de la sociedad.

Surgió una alternancia de poder, de grupo a grupo, que duró varios años. Y junto a ella surgió también un rencor que nos fue distanciando aún más si cabe.

Finalmente la barbarie consumió nuestras vidas, y nos dominó, provocando una feroz guerra civil. Muchos perecieron, la sangre se vertió, y tuvimos que empezar de nuevo, olvidando o recordando, odiando o perdonando, esperando la venganza o deseando la reconstrucción. Sentimientos contrapuestos que configuraron los días y las noches que se habrían de suceder en nuestros nuevos caminos…

Del origen de la guerra y de la Dagor Tûronor

Todo contribuyó a ello. El odio. El deseo de poder. Y por encima de todo, la falta de comprensión.

Hubo dos familias enfrentadas por sobre todas las demás. Por un lado, entre los Aldalântar, el Balta fue Tuineral, pues junto a su esposa Tawarë ostentaban el poder sacerdotal. Y tenían dos hijos, Tatharal y Ailin.

Por otro lado, el Balî de los Nurulântar fue Minalcar, quien ostentaba el poder militar, siendo el Artakâno por aquél entonces. Su esposa fue Narqueliê, Alta Sacerdotisa de los Anamâr. Y tuvieron dos hijas mellizas, Elesinyê e Hisiê.

El destino quiso tal vez unir a ambas familias. Tal vez incluso a ambos pueblos. Pues Tatharal e Hisiê se conocieron, y se amaron entonces en secreto. Pero hubo engaño en el amor de él, pues apenas se descubrió el secreto, fue llamado al orden por su padre. Y Tatharal abandono a Hisiê, pues sabía que aquella relación sería una mancha para él y su familia, y les condenaría al ostracismo entre los Aldalântar, arrebatándoles el poder y el honor que ostentaban.

Pero Hisiê enfermó entonces. Y sólo su hermana Elesinyê supo cuál era la enfermedad que la aquejaba. Pues esperaba un hijo de Tatharal, aunque él no lo sabía, y la desesperación finalmente la llevó a perder el hijo que esperaba, llenándola de un resentimiento aún mayor. Su corazón se llenó de odio y deseos de venganza. Hacia Tatharal, pero también hacia todos los Aldalânte. Y acudió al Consejo, y allí, acusó a Tatharal de haberla violado. Y Elesinyê apoyó a su hermana, y también su padre. Pero Tuineral defendió el honor de su hijo, y también fue apoyado por su hermana Ailin.

La paz se rompió entonces para siempre. Llevado cada uno por su propio odio, y por rencores antiguos, la sangre de ambos pueblos manchó las calles de la ciudad. Primero fueron pequeñas reyertas. Unos saqueaban los comercios de otros, o lanzaban piedras a las casas de sus enemigos. Alguien entonces, intentó defenderse, y alguien murió en un hecho desafortunado. Las noches eran inciertas, y el amanecer llegaba siempre teñido de sangre.

Después, la guerra como tal, trajo la muerte a cada familia. La llamamos desde entonces Dagor Tûronor, la Batalla del Poder de los Hermanos, que comenzó en la primavera del 1412 SE. Y la casa de Tuinêral fue atacada por un grupo de Nurulânte en los primeros días de la guerra. Y Tuinêral y Tawarê murieron allí, abrasados. Sólo sus hijos consiguieron escapar del incendio. Sus cuerpos calcinados yacieron entre las ruinas ardientes durante días.

Tampoco la familia de Hisiê y Elesinyê escapó de la maldición de esta guerra fraticida. Minalcar cayó, cuando la guerra llegaba a su fin, y los Aldalântar habían comenzado ya su migración. Su cuerpo fue atravesado por decenas de flechas mientras dirigía el ataque a una caravana que escapaba hacia el norte.

Así fue como los dos pueblos se separaron. Los Nurulântar vencieron en la guerra, pues eran soldados por naturaleza. Pero ninguno de los dos pueblos quedó indemne.

Muchos decidieron olvidar, otros sintieron vergüenza y otros optaron por…emigrar.

De la Usurpación

Creció desde siempre a la sombra de Minalcar. Y desde siempre lo odió. Desde que era un niño, y ambos competían por alcanzar el Narwä, y por ser el mejor por encima de todos. Pero Engrel, que así se llamaba, jamás consiguió superar a Minalcar.

Engrel nació en una noble familia Tawar. Quizás no tan noble como la de Minalcar, pero noble a fin de cuentas. De ojos negros y penetrantes, y negros cabellos. Su sonrisa y su mirada revelaban una gran astucia, y los Faironnar no tuvieron que meditar mucho para descubrir que su Onnar era el zorro. En concreto, el zorrolobo. Pero a pesar de ser un niño más pequeño que los demás, algo enfermizo en sus primeros años de vida, encerraba en su interior un ser agresivo, astuto y ambicioso.

Tuvo que esforzarse mucho más que el resto de sus compañeros, quienes a menudo se reían de él por su aspecto débil. Su oscuro corazón albergó pronto rencores escondidos, sobre todo hacia Minalcar, quien representaba todo lo que él no era. Pues Minalcar siempre destacó por encima de todos, y pronto fue alguien admirado en su comunidad.

Pero Engrel era capaz de embaucar muy fácilmente. Su apariencia débil y amable le fue de gran utilidad, y poco a poco fue ascendiendo en poder en el Consejo. Y si bien no destacó nunca en el arte de la guerra, su dominio de las palabras fue la gran baza que utilizó para alcanzar el poder. Pues sabía encontrar las palabras que sus oyentes querían oir, y envolverlas de forma que sus intenciones quedaran ocultas, de forma que los demás pensaran que eran propias.

Pero por encima de él, persistía la sombra de Minalcar, a quien odiaba por encima de todos. Y su odio creció cuando Minalcar conoció a Narqueliê, y ambos se amaron. Pues ella era la mujer que él deseaba por encima de todo. La que amaba desde lo más profundo de su ser. Y durante muchos años estuvieron prometidos, pero finalmente ella conoció a Minalcar, y le entregó su alma para siempre. Pero Engrel, siguió amándola a pesar de todo, con un deseo enfermizo, y culpó siempre a Minalcar de haberle robado a la mujer que amaba. Pero todo esto lo oculto bajo una apariencia de resignación, y nadie supo nunca del mal que guardaba.

Pero llegó la Dagor Tûronor. Y con ella, todos los deseos de Engrel empezaron a cumplirse. Pues fue a la guerra como uno más de los Nurulântar y destacó por sus dotes estratégicas sobre todo, acumulando el poder militar que tanto necesitaba. Y por fin, Minalcar murió, y Engrel se erigió con el poder. Y el Khotsê le dio más poder como Balî del que nunca tuvo Minalcar, pues pensaban que sólo así podían superar el caos de la guerra.

Y aunque todavía Narqueliê guardaba luto por su esposo, Engrel sabía que tarde o temprano conseguiría que volviera hacia él. Y busco acercarse a ella dándole el poder que ella tanto anhelaba. Y también a sus hijas.

De la reconstrucción de los Nurulântar

Resurgimos de nuestras cenizas. La Dagor Tûronor asoló nuestra tierra, y el enemigo huyó, dejando tras de sí sangre y fuego. Pues la victoria nos fue cara a pesar de todo.

Reconstruimos la ciudad, y el Balî le dio un nuevo nombre. Ohtalossê, La Guerra Blanca, fue desde entonces. Pues deseábamos borrar de sus calles el recuerdo de los Aldalântar. Y desde entonces nuestra región fue conocida como Dakôndor. Todas las tierras y villas de los Aldalântar fueron ocupadas por aquellos Nurulântar que habían perdido sus hogares, pero sobre todo, por aquellos que ya tenían poder, y deseaban acrecentarlo con posesiones. Fue el mismo Engrel quien se apropió de las tierras que antiguamente fueran de la familia del Balta, reconstruyendo la casa de Tuineral y adoptando un ostentoso modo de vida.

Narqueliê, como Alta Sacerdotisa de los Anamar siguió formando parte del Khotsê. Pero hacia el final de la Dagor Tûronor sus hijas Elesinyê e Hisiê entraron a formar parte del mismo, avaladas por Engrel.

Rámmar fue restaurada, pues a pesar de la distancia había sufrido los estragos de la guerra. Y a sus posesiones, la familia de Narqueliê añadió la villa que la familia de Tuineral poseía a las afueras de la ciudad.

Las murallas se reconstruyeron rápidamente, y fue en el año 1428 cuando comenzó la construcción de las torres albarradas, que acabaron por caracterizar la ciudad.

Además, la ciudad siguió creciendo. La cercanía del Kelkaranî, el enorme río navegable que atravesaba el Valle de Alyanan, ayudó a que nuestro comercio floreciera. Y se construyó un puerto anexo a la ciudad, Airalondë, donde precisamente la corriente del Kelkaranî era más extensa, formando casi un enorme lago.

Fue por entonces cuando los Nurulântar introdujeron los primeros cambios en los uniformes del ejército, adoptando su característico manto rojo, y el yelmo. Si bien la costumbre ancestral de pintar sus rostros con sangre se siguió manteniendo.

En el año 1431 quedó concluida la construcción del Kôrin en torno a la colina sagrada de Oiomurë. Sobre ella crecía un bosque antiguo, espeso, húmedo y salvaje, que persistía bajo una eterna bruma. A sus pies los Amanyâr establecieron un gran templo, que abrazaba la colina con dos grandes semicírculos.

Uno de ellos fue construido en mármol negro con delicadas vetas rojas. Era el Korinfirë, el Templo Anamâr. Una escalinata ascendía hasta un impresionante pórtico columnado, cuyos capiteles estaban decorados con siniestras representaciones de espíritus y muerte.

Era el Korinfirë un lugar muy importante para los Nurulântar, pues su función incluía la tintura en sangre de las telas empleadas por el Ostomassë para confeccionar sus uniformes. Y también era allí donde se iniciaba el proceso de creación de puntas de flecha y lanza, todas ellas realizadas en hueso. También participaban en la creación particular de todo tipo de abalorios y adornos, que incluían dichos materiales.

Por esa razón, el Korinfirë incluía talleres textiles con pilas llenas de sangre, grandes almacenes y alacenas, y talleres.

Al otro lado de la colina se encontraba el Korinsúlë, construido en mármol blanco con vetas rojas. Su arquitectura era así mismo el reflejo del templo anterior, pero los capiteles de las columnas estaban decorados con imágenes totémicas de los Onnar, cuyos espíritus se habían fundido con los Nurulântar. Eran por lo tanto imágenes terribles de máscaras deformes.

De la Guerra Blanca, la Dagor Stinthar

Apenas hubo concluido la Dagor Tûronor cuando los Naugrim de Ondoninkwë decidieron aprovechar la ocasión para intentar recuperar el terreno perdido en la larga guerra anterior. Pues sobre todo pensaban que las fuerzas de los Nurulântar habrían menguado con la guerra, y con la marcha de los Aldalântar. Y por aquél entonces las defensas eran menores.

Nosotros los llamamos Stinthâr, “Los de baja estatura”. Pero ellos mismos se denominaban Dush-Tarâg “Barbas Oscuras”. De cómo los Stinthâr llegaron a Rómenor no tenemos constancia. Pero sabemos que fue mucho antes de nuestra llegada, sobre el 70 SE. Bajo el Ondoninkwë, que ellos llamaron Zirakinbar, “Cuerno Plateado”, construyeron una ciudad de plata de la que poco sabemos. Zirak-Felâldûm, “Los salones de los talladores de plata”, pero nosotros la llamamos Lónamar, “La morada oscura”.

Fue durante la Dago Stinthâr cuando nos dimos cuenta de cuánto habían cambiado las cosas. Engrel no fue a la guerra, contrariamente a lo que habían hecho todos los Balî antes que él. Quizás temiendo perder en la distancia parte del poder acumulado, quizás también porque deseaba más que la Gloria en la batalla, el poder sobre todas las cosas.

También fue durante la Dagor Sinthâr cuando Angárato, hermano llegado de las guerras del lejano norte, se convirtió finalmente en uno de ellos, concediéndole el estatus de Táwar, y el mando como Arken Rokkernî.

Durante 186 años se mantuvo la Dagor Stinthâr, ocasionando grandes bajas en ambos ejércitos. En el 1520 SE Elkanet, hermano de Engrel, fue muerto en la guerra. Pero también en esa misma batalla fue muerto Faern, hermano de Fyrfar, Rey de los Dush-tarâg. A partir de ese momento se recrudeció la guerra, pero finalmente el desgaste de los Stinthâr fue mucho mayor.

En 1599 SE la Dagor Stinthâr no había concluido, pero había dado paso a pequeñas batallas entre compañías aisladas, y a una negociación vacilante, pendiente de un hilo. Pero finalmente en el 1601 SE, Fyrfar y Engrel firmaron la Paz, en una ceremonia que tuvo lugar en el mismo campo de batalla donde ambos perdieron a sus hermanos.

Hoy como ayer la sangre está vertida.

Hoy como ayer latente está la afrenta,

que a través de los siglos

en su cuenta

acumuló mi clase escarnecida.

CRONOLOGÍA

Hechos comunes a los Nurualda

Edades de los Árboles

14322 EA Los Nurualdar salen de Cuivienén.

Primera Edad

69 PE Los Nurualdar avistan la costa occidental de Rómenor.

70 PE El gran viaje de los Nurualdar llega a su fin. Se asientan en el norte de Rómenor.

74 PE Encuentro de los Nurualdar con Yavanna que les habla del Equilibrio.

76 PE Empieza la construcción de Leolôsse. Encuentro de los Nurualdar y los Naugrim en Odoninkwe.

80 PE Primeros enfrentamientos entre los Naugrim de Odoninkwe, los Stinthâr, y los Nurualdar.

102 PE Estalla la Dagor Ondoninkwë, la primera guerra con los Stinthar por el control de las canteras de Ondoninkwe.

120 PE Concluye la Dagor Ondoninkwë con la derrota de los enanos, dando paso a una época de paz. Los Stinthâr se refugian en sus minas de Ondoninkwê y los Nurualdar se hacen con el control de las Canteras de Nink.

131 PE Fein es nombrado primer Balta de los Aldalantar, asumiendo el poder de los Nurualda.

132 PE Maegon es nombrado primer Balî de los Nurulantar.

178 PE Comienza la Dagor Felyasilmê, la segunda guerra con los Stinthâr

180 PE Muere Maegon en la Dagor Felyasilmê, y es sustituido por Elthril como Balî de los Nurulantar

185 PE Fein muere en una emboscada de los Stinthâr. Rian es nombrada nueva Balta de los Aldalantar

210 PE La Dagor Felyasilmê llega a su fin con la recuperación de las Canteras de Nink por parte de los Enanos. Los nurulântar asumen el poder en Leolôsse.

600 PE Un terremoto asola Leolôsse

Segunda Edad

3 SE Los Adalântar retoman el poder en Leolôsse, mientras acaba la reconstrucción de la ciudad.

300 SE Tercera guerra de los Nurualda contra los Stinthâr. La Dagor Hrótalôsse.

312 SE Muere Elthril,Balî de los nurulântar, en la Dagor Hrótalôsse. Le sustituye Udimir.

313 SE Muere Udimir, dejando el poder en manos de Kanrina, la primera Bali de los Nurulântar.

320 SE Carêndin, noveno Balta de los Aldalântar, es asesinado. Le sustituye Aramoth.

402 SE Fin de la Dagor Hrótalôsse. Los Stinthâr conservan todas sus posesiones en Ondoninkwê.

404 SE Los Nurulântar toman de nuevo el poder en Leolôsse.

725 SE Un grupo numeroso de orcos y trolls desciende de las montañas y arrasan las villas exteriores de Dakondôr, a lo largo de todo el Valle de Alyanàn.

732 SE Los Aldalântar vuelven a sustituir a los Nurulântar en el poder de Leolôsse.

847 SE Cuarta guerra de los Nurualda contra los Stinthâr, la Dagor Rondolôsse.

869 SE Muere Kanrina en la Dagor Rondolôsse. Le sucede Minalcar como Balî de los Nurulântar.

891 SE Concluye la Dagor Rondolôsse con la derrota de los Sinthâr y la recuperación de las Canteras por parte de los Nurualdar.

936 SE Angárato y los suyos llegan a Dankondôr, y se instalan en Leolôsse.

1320 SE Tuineral se convierte en Bâlta de los Aldalântar.

1358 SE Nace Tathâral Aryôn, hijo de Tuinêral, Balta de los Aldalântar. Nacen Elensinyê e Hisiê, hijas de Minalcar, Balî de los Nurulântar. Nace también ese año Serkendil.

1360 SE Nace Iondodomë, más tarde conocido como Erjândako, segundo hijo de Alassard y Glathiel.

1361 SE Angárato mata a dos oficiales Aldalântar en una reyerta, siendo encarcelado por el Balta, acusado de asesinato y traición.

1367 SE Nacimiento de Herkeblam.

1380 SE Los Nurulântar se hacen de nuevo con el poder Nurualda.

1412 SE Estalla la Dagor Tûronor en Dakondôr, la guerra civil de los Nurualda. Tuineral y su esposa Tawarë son asesinados en los primeros días de la guerra.

Hechos de los Nurulântar

1412 SE Después de tres meses de lucha fraticida, los Aldalântar dan por perdida la Dagor Tûronor, y parten al exilio.

Minalcar, Balî de los Nurulântar, muere en una emboscada mientras su compañía ataca algunas de las caravanas de Aldalântar que huye. A su muerte le sucede Engrel, acumulando más poder que ningún otro Balî anteriormente, y convirtiendose en Tirano.

1413 SE Comienzo de la Dagor Stinthâr, guerra entre los Narwä Hilyatâri y los Enanos.

1415 SE Angárato accede a la clase Táwar.

1418 SE Se establece el actual sistema monetario Nurulânte, y el Aqua como moneda oficial.

1420 SE Muere Elkanet, hermano de Engrel, Bali de los Nurulântar. En la misma batalla muere Faern, hermano de Fyrfar, Rey de los Dush-tarâg.

1431 SE Se completa la construcción del Korinfirë y el Korinsúle.

1531 SE Nacimiento de Dâira Medio Elfa.

1599 SE Fin de la Dagor Stinthâr, con la derrota de los Enanos.

1600 SE Se realiza el último Estudio Censal de Narwä Hilyatâri. El cómputo total establece en 18.932 habitantes, de los cuales 13.961 residen en la capital, Ohtalôsse; 1276 residen en Thyröst mientras efectúan el Narwänolme, y 3.695 residen en las villas exteriores en el Valle de Alyanán.

[Editado por Indil el 23-08-2007 15:49]

Hoy como ayer la sangre está vertida.

Hoy como ayer latente está la afrenta,

que a través de los siglos

en su cuenta

acumuló mi clase escarnecida.