RITUALES FUNERARIOS
Ritual de Guerra. Oiale:
Desde tiempos ancestrales los Nurulântar realizaron rituales relacionados con todos los aspectos de la muerte, pero sobre todo, aquellos que tenían relación con la guerra. Es por eso que uno de los principales rituales de los Nurulântar tenía relación con aquellos caídos durante una batalla.
Estos rituales, llevados a cabo por los Sacerdotes Guerreros, eran normalmente llevados a cabo en el mismo lugar donde había tenido lugar la batalla, en caso de guerreros especialmente notables, era posible que sus restos fueran llevados hasta los Recintos Sagrados, y el ritual finalmente se llevara a cabo en ellos.
Estos rituales, si bien estaban dirigidos por los Sacerdotes Guerreros, incluían la participación de todos los soldados.
Los cuerpos de los guerreros caídos se depositaban sobre esteras trenzadas con fibras de cardo. Vestidos con las mismas ropas con las que habían caído, pues eran su mayor gloria, los cuerpos eran bañados con el Bálsamo Funerario. Un aceite elaborado con verbena, sábila, fresno y renúnculo. Es por eso que éste bálsamo era también llamado Laikar, en honor a Karnil, Estrella de la Guerra.
También se grababan en su cuerpo runas Okkân, simbolizando el Onnar del fallecido, pintadas con sangre, y se adornaba su cuello con un collar realizado con partes del cuerpo de su Onnar.
La aparición de Karnil en el cielo marcaba el inicio del ritual funerario, encendiendo una gran pira funeraria construida únicamente con troncos de roble, el árbol que representaba en sí mismo la fuerza de Tulkas, Dios de la Guerra, a quien los Nurulântar también llamaban Thyr.
Era entonces cuando se iniciaba la procesión funeraria, donde los cuerpos eran llevados por aquellos más cercanos a ellos en vida, mientras se entonaban las oraciones a la Diosa Varda, a quien los Nurulântar llamaban también Innana, La Dama de Kârnil, pues era ella la encargada de iluminar y guiar el alma de los caídos hasta las Praderas de Thyr.
“Las hojas caen, los días se enfrían.
La Diosa tira su manto de luz, alrededor de ella,
Mientras tú navegas hacia el Oeste,
A las tierras del descanso eterno,
Envuelto en la frescura de la noche.
Vientos fríos soplan desde el Norte gimiente.
En esta aparente extinción del poder de la naturaleza,
Oh hermano, sé que la vida continúa,
Porque la primera es imposible sin la segunda.
Al igual que la vida es imposible sin la muerte
Bendiciones sobre ti, Oh Guerrero caído, mientras viajas
A la tierra del Narwä y a los amorosos brazos de Innana”
El ritual seguía entonces con la incineración de los cuerpos caídos, para que así su esencia guerrera, el Narwa, se transmitiera a los presentes, pues aspirando el humo de la incineración, el Narwa penetraba en cada uno de ellos.
Una vez concluida la ceremonia, se realizaba un banquete ritual y festivo. Pues el Narwä había permanecido, aunque el alma de los Guerreros había partido hacia la gloria de Thyr.
Ritual de Muerte. Vanwä:
Si bien la mayor parte de los Nurulântar anhelaba la muerte en la batalla, pues simbolizaba la consecución del Narwä, la muerte podía llegar igualmente en una forma totalmente ajena a la guerra. Si bien la inmortalidad era el don de los Eldar, si podían producirse muertes accidentales o bien asesinatos, los cuales se alejaban del Narwä y de su simbolismo.
Era en estos casos cuando se realizaban los Rituales de Muerte, en los Recintos Sagrados. El ritual, sin embargo, se consagraba en este caso a Yavanna Ashtart, y a Oromë, también llamado por los Nurulântar Cernûn señor de la caza, Dios de los Animales Salvajes.
En este caso eran los Faironnar los encargados de dirigir el ritual funerario, encabezando un cortejo funerario que discurría a través de las calles de Ohtalôsse hasta el Oiomurë, donde se erigía la pira funeraria, realizada con troncos de ciprés, que representaba en este caso a Mandos, Dios de la Muerte, a quien los Nurulântar también conocían como Tuoni.
La estera funeraria se confeccionaba con fibras de aliso y se entretejía con flores de los naranjos rojos de Alyanan. El cuerpo del caído era en este caso engalanado de blanco, y untado con aceites de menta, granada y laurel. También en este caso se pintaban las runas que representaban el Onnar del fallecido, y se adornaba su cuello con partes del mismo.
Durante el trayecto del cortejo, se dejaban caer sobre el cuerpo pétalos de la flor del granado, de un color rojo intenso. Finalmente, una vez depositado el cuerpo en la pira funeraria, los Faironnar la encendían con velas rojas del Korinfirë.
“Escucha ahora las palabras de Tuoni, el guardián de todas las cosas salvajes y libres, el encargado de las puertas de la Muerte, el que todo llamado debe contestar.
Yo soy el fuego dentro de tu corazón, el deseo vivo de tu alma. Soy el cazador del conocimiento y el buscador de la búsqueda divina, Yo quien me mantengo en la oscuridad de la luz, soy quien te ha llamado en la Muerte. Atento a mi llamada ven a mí, y aprende los secretos de la muerte y la paz. Tú eres mi niño y yo soy tu padre. En las alas rápidas de la noche, yo soy quien te pone en los pies de la Diosa para renacer y volver otra vez.”
EL MATRIMONIO. Laitasse
El ritual del Matrimonio se lleva a cabo siempre en noches de luna llena. A los pies del Oiomurë, los Ayaman construyeron un altar de piedra blanca, bajo una arcada de piedra blanca con grabados de plata realizados en relieve simulando prímulas, margaritas y flores de tilo entrelazadas con hojas de mirto, capìlera y muérdago. Era conocido como el Markirya.
El vestido de la novia debe estar así mismo realizado en telas blancas y ligeras, con delicados bordados de flores en plata. El novio debe también vestir enteramente de blanco. Así mismo la novia debía llevar la corona nupcial, regalada por el novio en el momento del compromiso. La corona nupcial era una filigrana de plata, con gemas blancas representando flores. El novio así mismo llevaba una corona en plata, con gemas verdes simulando hojas, regalo así mismo de la novia.
El ritual es dirigido por un Sacerdote y una Sacerdotisa, en representación de Ashtart y Tuoni. Es costumbre que antes de la ceremonia, cada uno de los novios entregue a los sacerdotes un colgante tallado en hueso representando su Onnar de cada uno, pues antes de la ceremonia nupcial, los sacerdotes bañaran los colgantes en la Sangre Narwä. Esto se realiza a fin de que los hijos del nuevo matrimonio obtengan sean sanos y fuertes, y puedan alcanzar el Narwä.
Al comenzar el ritual, los dos colgantes reposan sobre una bandeja de marfil cubierta de Sangre, en el Altar. Entonces es cuando comienza la ceremonia propiamente dicha, y los novios se encaminan hacia el altar tomados de la mano.
Sacerdote: “Los hay entre nosotros quienes buscan la unión en matrimonio”
Sacerdotisa: “Que sean nombrados y presentados”
Entonces, los presentes a coro dirán el nombre del novio, quien se arrodillará ante el Altar, y después el de la novia, quien se arrodillará también entonces.
Sacerdotisa: “Con que deseo de vuestro corazón os arrodilláis ante el Altar”
Y ambos responderán: “Ser uno sólo ante los Dioses y los Nurulântar”
Entonces el Sacerdote entregará a los novios la Espada del Narwä, para que la sostengan entre los dos, mientras la Sacerdotisa rogará a los Dioses.
“Asthart y Tuoni, aquí delante de vos están dos de los vuestros. Sed testigos de lo que quieren declarar”
Entonces, la novia toma la Espada del Narwä, y la apoyará en el pecho del novio, mientras él realiza el voto:
“Yo … he venido aquí libremente para unirme a … Vengo con todo mi amor, honor y sinceridad, deseando únicamente hacerme uno con la que amo. Siempre lucharé por la felicidad y bienestar de … Defenderé antes que la mía su vida. Que la Espada del Narwä penetre en mi corazón si no soy sincero en todo lo que he dicho. Juro esto en nombre de Asthart y Tuoni, en el nombre de Bhâd y Thyr. Que me den fuerza para ser fiel a mis votos.”
Entonces, el novio tomará a su vez la Espada del Narwä, y mientras la apoya en el pecho de la novia, ella repetirá el juramento.
Entonces el Sacerdote tomará de nuevo la Espada, y la depositará sobre el Altar. Y la Sacerdotisa tomará entonces el colgante de la novia, representando su Onnar, y lo colocará en el cuello del novio, el cual se cubrirá con sangre.
Y después tomará el colgante del novio, representando su Onnar, y lo colocará en el cuello de la novia, el cual se cubrirá con sangre.
Y la Sacerdotisa entonará un canto a los Dioses:
Asthart, reina de la noche y la tierra.
Tuoni padre, rey del día y los bosques.
Celebrad su unión mientras la naturaleza se regocija
En un fuerte resplandor de color y vida.
En honor de su unión.
Mientras el Sacerdote procederá a enlazar la mano derecha de la novia y la mayo izquierda del novio, atándolas con una cuerda blanca, mientras dice:
“Como la hierba en los campos y los árboles de los bosques se doblan ante las presiones de la tormenta, también habréis de doblar vosotros cuando sopla fuerte el viento. Pero sabed que tan rápidamente viene la tormenta como tan rápidamente se puede alejar. Más vosotros permaneceréis firmes en la fuerza del otro. A medida que deis amor, recibiréis fuerza. Juntos sois uno; aparte no sois nada”
A partir de ese momento, se consideraba sellado el matrimonio, y se procedía al banquete nupcial.
RITUALES AGRÍCOLAS
Dentro de los rituales colectivos, aquellos que congregaban a toda la comunidad, se encuentran los Rituales de Fertilidad, dedicados a Asthart. Se centraba su función en rogar por la fertilidad de los campos y del ganado.
Estos rituales se realizaban en función de las Estaciones, y eran así mismo, los únicos que se realizaban lejos de Oiomurë, en el Valle de Alyanan.
Ritual de Otoño. Oiomerya:
Es un ritual para recordar a los ancestros y rendir tributo a los caídos. Representa también el ritual de la última cosecha, la recolección de hortalizas y tubérculos.
Es el momento del año para liberarse de las debilidades. Es también un tiempo propicio para la adivinación, para saber que nos espera en el año venidero. El final y el principio son uno, al igual que la muerte y el renacimiento.
Con la puesta del sol del último día del mes de septiembre, congregados los Nurulântar vestidos de negro, presididos por los Faironnar y los Annamâr vestidos de plata y oro, se abría en la tierra un gran foso recubierto de piedras que se llenaba de Sangre de Narwä. En el centro del foso, sobre un improvisado montículo de piedras, se colocaba una hoguera que los Faironnar y los Annamâr con velas rojas.
Entonces los Nurulântar, uno a uno, colocaban en el foso velas blancas, que poco a poco se iban sumergiendo en la Sangre Narwä.
“En esta noche de Oiolore señalo tu paso, oh hermano caído,
Hacia las tierras del eterno verano, aguardando tu regreso.
Señalo el paso de los que se han ido y se irán después.
Oh bendita y amada Diosa eterna, tú que das nacimiento a los caídos,
Guía mis pasos en la oscuridad, protégeme y ayúdame a comprender
Tus misterios, enséñame que así como de la oscuridad nace la luz
El ciclo renace eterno y por siempre.
Que las energías sean revertidas
¡De la oscuridad a la luz! ¡De la muerte a la vida eterna!"
Era entonces cuando los Sacerdotes repartían entre los Nurulântar el Valya, una bebida secreta que llevaba en sí misma la esencia del Narwä. Y mientras bebían, cada uno repetía su oración:
"Ofrezco esta bebida en honor a mis ancestros. Su memoria perdura, y sus enseñanzas viven en mí. Benditos fueron en su existencia y benditos son en las Tierras de Eterno Verano."
Ritual de Invierno. Hríve Meryale:
Esta celebración corresponde al solsticio de invierno en el momento más frío y la noche más larga del año.
Todas las hojas han caído, la naturaleza duerme, es el momento de mayor oscuridad antes de que la luz regrese, es el renacimiento del Dios padre, la primera chispa de esperanza que emerge de la más profunda oscuridad. Es un momento de espera. De recogimiento y meditación.
Se necesita tiempo para despertar a un nuevo ciclo después de la muerte. La vida espera bajo la tierra el momento de renacer.
El ritual de Invierno es un ritual sencillo que consiste en una ceremonia en el Korinsúle, durante la cual se procede a la quema de un roble muerto durante el año anterior. El tronco se erige en el centro de la Gran Sala, y en el mismo, aquellos que lo desean, graban con símbolos su Onnar. Entonces, los Faironnar proceden a encender primero las raíces del árbol, y después sus ramas, entonando mientras el árbol arde:
No siento dolor, aunque el mundo esté envuelto en sueño.
No siento dolor, aunque los vientos helados soplen
No siento dolor; esto también pasará pronto.
Prendo este fuengo en tu honor, Asthart,
Has creado vida de la muerte, calor del frío,
El Sol vive una vez más; el tiempo de la luz esta creciendo.
¡Fuego para la fortaleza!
¡Fuego para la vida!
¡Fuego para la muerte!
Ritual de Primavera. Tuilemeren:
Es la época en que la Diosa se recupera después del Invierno y el calor fertiliza la tierra. Los hielos comienzan a descongelarse, y la flora y fauna vuelven a la vida, después de haber estado dormidos durante el invierno.
Es la primera celebración mayor de año. Corresponde al despertar de la naturaleza, por lo que se trata de un ritual de purificación, una celebración de luz y fertilidad, se le conoce como la fiesta de las luces, pues era comenzaba tradicionalmente en las casas de los Nurulântar, quienes al anochecer encendían velas verdes en cada una de las habitaciones de la casa. Después, salían de sus hogares portando antorchas que ascendían en procesión hacia Oiomurë, entonando cánticos de resurrección de la vida.
“Este es el tiempo de la fiesta de las antorchas. Cuando cada lámpara arde y brilla para dar la bienvenida al renacimiento de la Diosa. Toda la Tierra celebra bajo su manto de sueño ¡Luz para la oscuridad!
Todo el campo está envuelto en invierno, el aire está enfriado y la escarcha cubre la tierra. Pero Tuoni ha despertado, señor del bosque y de los animales salvajes.”
Finalmente la procesión alcanza la sombra del Oiomurë entre el Korinsúle y el Korinfiré, donde se halla una fuente de piedra blanca, el Ehtelôsse, con delicadas filigranas de oro, plata y verde. En sus aguas se han sumergido y macerado naranjas rojas, fresas, granadas y flores de ruda. Cada uno de los Nurulântar entrega su antorcha a los Sacerdotes, y reciben así mismo una copa de cristal con agua de la fuente.
“Gran Diosa, te has librado de la helada prisión del invierno. Ahora esta el verdor, cuando la fragancia de las flores es arrastrada por la brisa. Este es el comienzo, la vida se renueva por tu magia, Diosa de la Tierra”
El ritual concluye con un banquete a la luz de las hogueras encendidas con las antorchas, celebrando la llegada de la primavera.
Ritual de Verano. Lairesar:
Es a mediados del mes de Junio cuando se celebra el ritual del verano, una de las festividades más esperadas por los Nurulântar. La preparación de esta festividad comienza a finales de Mayo, pues es cuando las doncellas comienzan a trenzar los cinturones Yesta. Pues es costumbre que todos ellos vistan entonces túnicas ligueras y cortas de color blanco, ceñidas a la cintura con un cinturón trenzado a mano. Es tradición pues, que las esposas trencen los cinturones de sus esposos y de sus hijos, si bien las niñas aprenden desde pequeñas ésta tradición. También es muy común que las doncellas dediquen tiempo a trenzar cinturones que ceñirán a la cintura de los muchachos.
Era así mismo quizás la festividad más libre de los Nurulântar, pues no se asociaba con estrictos rituales guiados por los Sacerdotes, sino que era una época de fiesta y celebración. En esta festividad normalmente era cuando los Nurulântar preferían celebrar sus ritos matrimoniales, pues era una época de fertilidad y de buena esperanza.
La gran fiesta del verano se celebraba durante tres días y tres noches, con una sucesión de banquetes y fiestas en torno a hogueras en el campo. Era frecuente que los hombres probaran su valor entonces saltando por encima de las hogueras encendidas.
RITUALES DEL NARWÄ
El Onnar:
Desde el nacimiento hasta la muerte, y más allá, el espíritu de cada Nurulântar, hombre o mujer, estaba vinculado a un espíritu animal: su Onnar.
Cada niño nacido era cuidadosamente examinado por los Faironnar en sus primeros días de vida. Finalmente el bebe era sumergido en un caldero con Sangre Narwä, y se le daba el nombre que sus padres habían elegido para él.
Después, los Faironnar depositaban al niño en una sábana de lino blanco, envolviéndolo con ella, para retirarla después. Finalmente, los Faironnar se retiraban llevándose con ellos la sábana de lino, y durante toda la noche, analizaban los dibujos secretos que la Sangre había formado en la sábana blanca.
Al día siguiente los Faironnar entregaban a los padres la sábana blanca, comunicándoles el Onnar del niño. Esa misma noche los padres quemaban la sábana en la medianoche, pues se decía que el poder del Onnar que se había manifestado para darse a conocer debía retornar por medio del fuego al niño.
El Onnar Tengwë:
El Onnar Tenwê era un rito individual que se incluía dentro del Narwanolme. A los 15 años, el niño era abandonado a su suerte en una zona seleccionada por los Faironnar, tan sólo equipado con su túnica, un trozo de pan, y una pequeña daga. Allí, debía ser encontrado por el espíritu animal que representaba su Onnar. En una lucha cuerpo a cuerpo, debía ser marcado por su espíritu, antes de acabar con su esencia vital. Pues el espíritu sólo marcaba a aquellos que identificaba como iguales.
En caso de que el niño pereciera durante la prueba, se consideraba un hecho especialmente afortunado para la familia del niño, pues se creía que el vínculo había sido tan fuerte que el espíritu había decidido llevárselo con él.
Pero en caso de que el niño, a pesar de sobrevivir o incluso de haber matado al espíritu animal, no hubiera sido marcado por él, significaría que no era lo suficientemente digno para su espíritu, y por lo tanto significaba su marginación social. El niño pasaba a ser un Mâgâr, y con el tiempo, se convertiría en un Hekenâ.
El Nurutenwë:
En relación a este hecho, el Narwänolme concluía con un ritual colectivo, en el que el Nurulânte se enfrentaba por primera vez a la visión de los Espíritus Muertos, quienes serían sus futuros compañeros de batalla.
Era éste un ritual de carácter festivo en principio, pero a la vez extremadamente aterrador para los que se iniciaban en él. Los soldados eran reunidos por los Anamar en torno a grandes hogueras, y después de celebrar con vino y licor el fin del Narwänolme, se repartía entre ellos una bebida especial que conectaba con el mundo de los Espíritus, el Valya.
La bebida, mortal si se tomaba en exceso, contenía belladona y artemisa, así como hojas de abeto plateado, flores de tilo para endulzar, flores de amapola, y grandes dosis de granada, fresa y naranjas rojas, así como un destilado alcohólico de manzana roja.
Por su color de un rojo oscuro e intenso, y por su espesor, muchos Aldalântar creyeron antiguamente que los Nurulântar bebían sangre durante sus rituales, entrando así en trance, pero esto nunca fue cierto.
Ésta bebida guiaba entonces a los soldados en su estado de trance hacia el mundo de los Espíritus, siempre bajo la supervisión de los Anamar.
El Ritual del Balî:
Si bien el cargo de Balî era nombrado por el Khotsê, el cargo siempre fue de naturaleza militar, y era en la guerra donde se demostraba la valía para el cargo. Era por lo tanto habitual que el Balî hubiera alcanzado previamente el cargo de Artakâno, aunque esto no siempre fue así.
Era por lo tanto un cargo político unido a un rango militar superior, por lo que la elección del Balî conllevaba un día y una noche de banquetes y celebraciones.
El rango de Balî era así mismo grabado a fuego en su cuello, con un dibujo de sombras que adquiría con el tiempo una tonalidad negra debido al tinte especial que se añadía a los emplastos de hierbas que se utilizaban para curar las heridas que se formaba. Eran los Anamar los encargados de efectuar esta marca, utilizando para ello pequeñas dagas ardientes. Esta marca era llama Baltanna.
Ritual de Batalla. Nwalka:
Uno de los rituales más importantes para los Nurulântar era aquél que se celebraba antes de cada batalla. Era común entre los soldados, realizar un pequeño ritual personal previamente, en el cual solían encender velas ante una figura negra que representaba su Onnar. Aquellos que poseían el cargo suficiente como para tener una tienda privada, llevaban consigo un pequeño altar donde realizaban éste ritual.
En cambio, aquellos que compartían tiendas, los soldados rasos, realizaban de forma mental el ritual. En todo caso, siempre se trataba de momentos de extremada concentración y meditación, donde ponían en orden todos sus sentimientos y pensamientos, y sopesaban su alma de cara a la Muerte.
Después, eran los Sacerdotes Guerreros quienes realizaban un ritual colectivo, repartiendo entre los soldados el Valya, el Licor de los Espíritus, en este caso sin los añadidos alucinógenos. Los soldados, enardecidos por el fuego del Narwä en su interior, golpeaban entonces sus escudos, cada uno de ellos con el símbolo de su Onnar, con piedras de fuego, arrancando chispas de fuego.
Dentro de estos rituales se incluye también, aunque no siempre se llevaba a cabo, el Humo de los Espíritus. Los Sacerdotes Guerreros encendían hogueras colocadas estratégicamente de modo que el viento llevara el humo hasta el campo de batalla. Ramas de roble y fresno encendían la hoguera, a la que se añadían flores de heliotropo y amapola, y hojas de sábila, muérdago, artemisa y ruda. El humo procedente de la hoguera era extremadamente alucinógeno, y afectaba tanto a los soldados Nurulântar como a sus enemigos. Si bien los soldados Nurulântar sabían dirigir sus propias visiones de los espíritus.
Narwäcil
También llamada La Espada de Sangre, o la Espada del Narwä. Era uno de los símbolos más importantes para los Nurulântar. Su filo estaba forjado en cobre, dándole una tonalidad rojiza. La empuñadura estaba tallada en hueso, y a su alrededor se enroscaba una filigrana de plata con pequeños rubíes engarzados.
La Espada de Sangre permanecía siempre sumergida en un ánfora de cristal que contenía Sangre Narwä. Sólo cuando los Nurulântar entraban en guerra, la Espada era sacada del ánfora, y era clavada en un montículo de piedras blancas. Y se decía que mientras la sangre fuera fluyendo de la Espada y tiñendo de sangre las piedras blancas, duraría la guerra.
[Editado por Indil el 24-09-2007 16:08]
