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El autor númenóreano que citamos ha sido el último Occidental que tuvo acceso a los documentos secretos Marllajtay en los términos de la Tregua de 1583 SE (1869 de Híssuë). Posteriormente, la situación política entre ambos reinos volvió a tensarse, pese a la buena voluntad de parte del Khútic Khânku’tála, y en el año 1591 SE desafortunadamente se reanudó la guerra abierta en Rómenor. Como fuere, la Historia Social y Económica de Híssuë, de Vithore Mallion, es de un enorme valor historiográfico, pese a que la obra nunca hizo su camino hacia Elenna (de hecho, nunca salió del Complejo del Apákt’chüta). Es por su calidad –mayormente debida a la neutralidad del autor en los asuntos internos de Híssuë-, que decidimos ofrecerles a continuación una serie de resúmenes de los Capítulos de esta obra:
Del Libro I, intitulado La Edad de Oro:, hemos considerado fragmentos de los siguientes Capítulos:
Capítulo III, La llegada al Valle de Híssuë:
Los borhalaidas se establecieron en el Valle de Híssuë durante las primeras décadas del siglo IV de la Primera Edad del Sol. En esos tiempos su número total ascendía a unos pocos cientos, o tal vez algo más de un millar de individuos. En todo caso, no se trataba de más de unas veinte o treinta familias extendidas, o Clanes (Ýnni, en Híssuë), que se componían en una organización social de tipo igualitario y gerontocrático.
(…)Como sabemos, los valientes migrantes habían perdido mucho en la travesía por el Océano, incluyendo a su líder Nahald y a buena parte de sus familias y bienes; por lo que los primeros años en Rómenor estuvieron dedicados por entero al reconocimiento y al establecimiento en la nueva patria. En efecto, el territorio al que habían arribado luego de la larga jornada era, indudablemente, de proporciones descomunales.
(…)Al final del largo estuario de Híssuë, que en esa época debía cubrir unas 90 millas de extensión, Thorondor se posó en un risco que marcaba el fin del prolongado brazo de mar, y al comienzo de un Valle que se hundía entre los brazos de las Andië, imposible de abarcar con la mirada, sombrío por la exuberancia descomunal de las selvas que le cubrían. Sólo décadas más tarde descubrirían que el enorme Valle de Híssuë llegaba a las 70 millas de extensión, y hasta los 35 de lado en su sector más ancho.
(…)A su misma entrada, un ancho y caudaloso río salía desde la profundidad del Valle para volcar sus pardas aguas en el estuario, pero media milla antes de la desembocadura, una pequeña laguna se formaba entre la vegetación y allí las aguas del caudaloso río eran violentamente golpeadas y sacudidas por una magnífica cascada que se despeñaba incansable y copiosamente desde muchos cientos de pies de altura, desde los riscos sudorientales. El constante calor y la humedad de la región se tornaban en ese sitio, y debido al fenómeno, en un permanente baño fresco que envolvía todo el entorno. Nos permitimos suponer que fue este espectáculo extraordinario el que le valió el nombre de Híssuë al río de aguas pardas, al valle, y a la región entera (si consideramos, como Nólo Rómendil, que el término se deriva del élfico Hísië).
(…)Allí, pues, fue donde los Borhalaidas desembarcaron, y donde hallaron el premio de todos sus pesares y de su incorruptible fidelidad a los Dioses Verdaderos, tal como nosotros hallamos Elenna. El paraíso tropical de Híssuë les ofreció desde entonces una vida dichosa, que se prolongó durante muchas décadas (…). Este pueblo Fiel, sin embargo siempre reverenció a Thorondor como su único y gran benefactor, sin preguntarse jamás si detrás del Rey de las Águilas no existía acaso un Poder mayor (…) Sus prácticas antiguas se revelaban de acuerdo a la Justicia, y por eso me atrevo a concluir que fueron deliberadamente recompensados por los Poderes. (…) Pero, ciertamente, la bonanza no hubo de durar por siempre.
Capítulo V, Los primeros tiempos, hasta la reaparición de Zôr-Khôndor:
Los Marllajtay se multiplicaron, estableciéndose gradualmente hacia el interior del Valle, siempre construyendo sus moradas de piedra en las alturas, pero atentos también a sus plantaciones de Maïth y de Q’ýna en las laderas debajo. Su economía se complementó muy pronto con los Llyamë y Gwën-Akhô, y entonces los pastores alcanzaron cumbres cada vez más elevadas, ya que allí es donde estos animales están más a gusto.
(...)El culto de Thorondor y de la memoria del pueblo y de sus hazañas quedó, desde el año 37 de Híssuë, en manos de un Sacerdote, que era elegido en cada generación por el ministro precedente, y que desde joven era instruido en las historias y las leyes antiguas, por lo que también ejercía de Juez entre las familias (Ýnni). Su residencia no era fija, pero desde los primeros tiempos se consideró sagrado el así llamado Risco de Thorondor, y era en ese sitio donde se celebraban las fiestas y conmemoraciones periódicas, así como donde se celebraban audiencias y juicios.
(…)Ocurrió entonces en el año 169 de Híssuë, que un pastor que se había extraviado en las alturas halló al ave que los Marllajtay llaman Khôndor, por una asociación lingüística evidente: ya que la pronunciación de Thorondor había derivado para entonces a Zorjóndor, y que Zôr significa en su lengua “Rey” o “Señor”, consideraron al ave como el Khôndor y al benefactor de su pueblo como el Rey de estos animales.
(…)El afortunado pastor fue investido entonces con el nombre de Ñaál, que era la derivación que su lengua había hecho para entonces de su antiguo líder Nahald, y que –contaba la memoria común-, también había sido convocado por el Khôndor en las alturas del Orocarni para ser instruido acerca del exilio y de las naves que debía construir para cruzar el Océano y evitar el Mal. Sin embargo, este nuevo Ñaál, a pesar de que sentirse tocado por una revelación sobrenatural y ser visto por el resto de tal manera, reconocía no haberse podido comunicar con Zôr-Khôndor, ni comprender sus intenciones.
(…) Entonces, el sitio elevado en donde el Khôndor fuera observado por vez primera se estableció como un lugar de culto y ofrendas (consistentes, preferentemente, de Gwën-Akhô recién sacrificados que las aves devoraban vorazmente)… y este primer nuevo Ñaál heredó el Sacerdocio, a la vez que dio origen a una nueva familia (Ýnna), que con el tiempo se volvería la más poderosa de Híssuë.
(…) Los Marllajtay supieron desde entonces que algo habría de ocurrir pronto, y quedaron a la angustiosa espera de que el Khôndor hablara y comunicara nuevas a su pueblo. (…)De allí en más, los herederos del primer Ñaál, la nueva Ýnna Ñaál, heredaron el Sacerdocio y fueron tenidos, también, en muy alta estima por su papel en la comunidad y al frente del culto de Zôr-Khôndor.
Capítulo VI, El Tiempo de los Ñaál hasta el Anegamiento del Valle de Híssuë:
(…) El Tercer Ñaál levantó el Templo Viejo de Zôr-Khôndor en el Sitio del Reencuentro con Zôr-Khôndor (aproximadamente en el centro geográfico del territorio marllajtay de hoy); y la Gran Plaza de Ceremonias (Áj’tlântzatl) en el antiguo Risco de Zôr-Khôndor, el cual aún podía ser considerado el centro religioso y político del pueblo, tal como en las primeras décadas lo fue. De esta época datan los primeros calendarios Marllajtay que dividen los Añasqa (meses lunares) y los Ch’ûni (meses estacionales), y que marcan también las Ch’yâwi de cuatro años solares.
(…)Durante este tiempo, los Marllajtay alcanzaron cada vez mayores distancias al interior del gran Valle y por el camino de las cumbres. Los Aylli (conjunto de casas, corrales, establos, campos de labranza y establecimientos productivos –de quesos, tejidos, etc.-), se multiplicaron todo a lo largo y lo ancho del Valle de Híssuë, así como cada vez en una mayor altura de las Montañas circundantes.
(…)Las familias clánicas (Ýnni), originadas en los primeros Clanes en arribar a Híssuë, crecieron mucho durante estos primeros dos siglos y medio. Y también surgieron muchas Ýnni nuevas, ejemplo notable de las cuales era la Ýnna Ñaál. (…) Cada Ýnna se identificaba con un nombre particular, a menudo derivado de fenómenos naturales, y con el tiempo adoptaron asimismo un tótem que garantizaba la unidad de la familia; ya que en torno al mismo se organizaba un culto periódico, con reuniones y festejos que eran dirigidos por un Anciano (Zôr) de la Ýnna, quien reafirmaba en estas ocasiones la memoria y la unidad de la Familia, a la vez que –llegado el caso- redistribuía las tierras y las labores de sus miembros.
(…)Los Aylli solían ser la unidad productiva y de vivienda de los Marllajtay. En cada uno de ellos habitaban -en esos tiempos- hasta 150 individuos (aunque normalmente no superaran una tercera parte de este número), y solían ser todos ellos parte de una misma Ýnna. Con el tiempo, y con la progresiva expansión de los Borhalaidas, algunas Ýnni llegaron a contar con varios Aylli distribuidos a lo largo y ancho del Valle.
(…)Y entonces, para los tiempos de la Guerra de la Cólera en Beleriand, en el Año 286 de Híssuë, un suceso hubo de cambiar para siempre la vida de los Marllajtay. Algunas fuentes sostienen que fueron avisados por el Khôndor, otros niegan que tal cosa hubiera ocurrido. Lo cierto es que entonces la tierra tembló como nunca y el mar, embravecido, se creció en oleajes irrumpiendo en el Valle de Híssuë y sepultando la gran selva y todos los cultivos: 1000 pies se vieron bajo las aguas en unos pocos días.
Y sin embargo, los Marllajtay sobrevivieron. Porque muchos de los Aylli estaban construidos en las alturas, tal como era costumbre en la antigua patria de las Orocarni. Según otros, porque el aviso del Khôndor les había permitido evacuar las tierras bajas a tiempo.
(…)Pero el Gran Valle se había convertido en un nuevo, y gigantesco, estuario. Y Las cadenas montañosas se habían separado en grandes y pequeñas islas por doquier. (…)Y los Aylli Marllajtay estaban ahora separados por grandes espacios de mar.
(…)Pero el oleaje apenas rozaba las plantas de la Gran Plaza de Ceremonias, y el Quinto Ñaál asumió entonces todo el poder para organizar a los Marllajtay en medio de la catástrofe. Él se ocupó de que la semilla del Maïth y la Q’ýna no se perdieran (...), de que los Marllajtay construyeran rápidamente barcos con las maderas ahuecadas de aquél árbol que hoy llaman Kóll-hué (“el árbol de los barcos”) (...), y también de que muy pronto los Marllajtay estuvieran nuevamente comunicados y haciendo frente en conjunto al desastre.
[Editado por seregruin el 16-12-2007 03:53]
