
La ciudad
A la sombra de la sierra de Táralóm, entre el bosque y las grandes praderas del sur, se extiende Thyrost.
A 80 Millas de Osto Ohtalôsse, a día y medio a caballo de la capital, se fundo Thyrost la Blanca.
Rodeada de fuertes murallas de piedras bien encajadas, protegida por altas torres almenadas, respira con aire fresco la ciudad siempre joven.
Sus calles son de granito, para recordar el color y la dureza de la vida, donde cada uno aposenta sus pies. Los edificos son de brillante mármol blanco, para elevar las almas de los jóvenes habitantes de la ciudad.
A través de amplias y fuertes puertas se accede a la ciudad, una que mira al Sur, la puerta principal, otra que da al Este y una tercera que se abre hacia el Norte, hacia el inmenso bosque de Aldalaurë.
Los principales edificios que contiene son: su academia y los templos de Tulkas y Mandos.
Por supuesto hay más edificios: residencias, otros templos, academias de lucha, la biblioteca, gimnasios,... pero es en la gran academia y en los templos de los dioses que consagran la ciudad (Tulkas y Mandos) donde se ve en toda su perfección el equilibrio, sobriedad y grandeza de la antigua arquitectura: lineas puras y afiladas, sencillez elevada, rotundidad elegante.
Todo ello construido en el más puro y bruñido mármol blanco, rodeado de la luminosidad de las montañas, que se cuela en los bien diseñados y sobrios espacios interiores perfumados por la brisa fresca proveniente del bosque.
No debemos olvidar la gran pista con propósitos variados que se extiende junto a la academia. Es una gran franja de tierra prieta y fina que se usa para ejercicios físicos tales como la carrera o la lucha (tanto en su modalidad individual como en ejercicios de lucha en grupo).
Los habitantes de la ciudad pueden dividirse es dos grupos claramente diferenciados: el de los Estudiantes y el resto de habitantes (maestros, artesanos, sirvientes,...)
Los estudiantes viven en amplios y luminosos cuarteles, construidos sobre brillantes jardines y un fresco bosquecillo.
El resto de habitantes vive en el Barrio del Lobo, nombre que se le asoció hace siglos de forma oficiosa (y que ahora ya posee de todo derecho), porque un gran bajorelieve del un lobo de Thyr decora una de las casas del barrio. En un principio, en esa zona sólo habitaban los maestros de Thyrost pero, con el trascurso de los siglos, el Barrio del Lobo pasó a albergar un grupo más heterogeneo de personas y, hoy en día, dispone, incluso, de una cómoda posada para viajeros y de varias tabernas.
Pero no todo es mármol blanco y granito gris en Thyrost. Jugando con la piedra cantan numerosas fuentes de agua clara y fresca y en sus amplios espacios interiores, entre edificio y edificio, crecen bosquecillos umbríos de añosas encinas, que flanquean las amplias avenidas y se recogen en lugares secretos y en rincones tranquilos.
Murallas, edificios sobrios, plazas empedradas, frescos bosquecillos, fuentes tranquilas,... ese es el aspecto exterior de la ciudad-escuela de Narwä Hilyatâri. Pero su alma es otra, su alma son los 700 jóvenes, son los 200 maestros. Esa es su alma. Un alma de fuego, un alma disciplinada.
Órdenes, rítmicos pasos de batalla, ruidos de combate, jadeos de esfuerzo, sudor resbalando en cuerpos llevados al límite... pero también hermosas melodías, tranquilas y firmes voces enseñando estrategia y filosofía,...
Eso es Thyrost, una ciudad brillante y dura que convierte a los niños en guerreros, una ciudad que enseña a luchar y a amar al Clan. Una ciudad de despiadada enseñanza, una ciudad noble que modela soldados y deja crecer almas grandes.
La enseñanza
La educación nurulantê se consagra al dominio de las armas. Los jóvenes son entrenados en los campos de instrucción, con el objetivo de fortalecerles físicamente y para que aprendan a buscar la victoria por encima de todo.
A la edad de 10 años, niños y niñas son separados de sus hogares para comenzar su instrucción del Narwänólme. Una enseñanza férrea, disciplinada y fría con la que se pretende convertir a los jóvenes en auténticos guerreros. Guerreros sin miedo a la muerte ni al dolor, preocupados solo por el bien de Narwä Hilyatâri.
Esta formación se caracteriza por ser colectiva y estar estructurada en etapas para grupos de niños con edades similares. Está organizada por el propio Khotsê y Kwarä quienes gestionan la educación y velan por la misma. Además, cuenta con instructores especializados, los túher, que son los encargados de formar y convertir a los niños. Todos los Táwar, deben pasar por ello. Es un requisito indispensable para la plena ciudadanía y aquellos que no lo realizan o no consiguen finalizarlo son considerados ciudadanos de categoría inferior, y por lo tanto, se ven privados de sus derechos políticos. Igualmente, se pueden encontrar casos de Makar que son aceptados para realizar el narwänólme, previo pago de un alto importe.
El periodo de enseñanza dura 50 años y está dividido en varias etapas. La primera abarca desde los 10 hasta los 30 años. Aquí la formación que reciben es mucho más genérica. La segunda va de los 31 a los 60, es más específica y conlleva la especialización de arma.
Nada más ingresar en el campo de instrucción, los niños son divididos en unidades de 15 y presentados ante su belek, el estudiante veterano encargado del grupo. Es él el responsable de que todos estén en la rôda, (cabaña similar a un barracón), una vez finalizada la jornada diaria y donde deben descansar. No se les permite tener ninguna pertenencia personal. Todo lo que fuesen a necesitar lo obtienen bien por medio de los maestros o por ellos mismos. Se les enseña a no desear, a no necesitar más que lo imprescindible y a autoabastecerse.
En los primeros años tienen un entrenamiento físico diario bastante duro para acostumbrar el cuerpo al ejercicio. Se les obliga a levantarse con los primeros rayos de sol sin importar la climatología. Salen a correr unas veces por el recinto, otras por la pista hasta que dan las vueltas que el instructor les impone. Aquellos que no terminan se quedan sin probar bocado en todo el día, tan solo se les da agua.
En las mañanas se concentran las pruebas atléticas, de resistencia y de supervivencia, mientras que las tardes las pasan en las academias donde se imparten las materias teóricas enfocadas a la sabiduría. Éstas pueden ser entre otras, conocimiento de la propia lengua de Narwä, escritura de las Okkân, lectura donde además se les enseña a recitar, matemáticas, historia antigua e historia moderna desde la separación con los Nensir Airatâri y filosofía. Además, estudian a los nueve dioses y su simbología dedicando más atención a los tres principales, Tulkas o Thyr como dios de la guerra, Mandos o Tuoni por ser el señor de la muerte, y Yavanna en su forma de Bhâd ya que representa el espíritu del Onnar.
Mención especial merece la teoría de la guerra donde estudian a conciencia el Camino del Guerrero para comprender la guerra y la muerte.
También aprenden música de línea melódica. Entre los principales arreglos instrumentales con los que se acompaña encontramos los tambores. A medida que la educación avanza, van incorporando otras clases como anatomía para conocer el cuerpo y sus puntos débiles, conocimiento de materiales usados en las herrerías y estudio de plantas medicinales y venenosas.
Sin embargo, el peso de esta enseñanza recae en la parte física, de gran importancia para la sociedad nurulantê. Se les prepara con ejercicios de resistencia y agilidad. Cada día de la semana realizan un entrenamiento distinto. Estas sesiones consisten en pruebas como escalar árboles tan solo con la ayuda de sus pies y manos, para a continuación, pasar por un estrecho puente de madera elevado y sujeto entre dos grandes mallorn; subir y bajar escaleras de los torreones militares hasta que las piernas les tiemblan y algunos caen varios escalones convirtiéndose en el hazmerreír del grupo. En ocasiones hacen excursiones hasta el río Nanya donde les enseñan a nadar y son sometidos a duras pruebas de resistencia tanto al frío como al cansancio, así consiguen aumentar su fuerza de piernas y brazos.
Se les encierra durante varios días en una habitación totalmente oscura, recibiendo como único alimento agua y un par de trozos de Aith baladî, una masa hecha a base de harina oscura bastante sosa.
Otras veces la prueba consiste en infiltrarse en el lugar indicado y aprender a moverse con sigilo siendo castigados aquellos que son descubiertos. Se les enseñan prácticas de supervivencia y a conseguir su propio sustento. A veces pasan varios días fuera del recinto de Thyröst y se les establecen misiones como conseguir un determinado número de animales o ciertas partes del mismo, que suelen ser colmillos, huesos o cuernos. La mayoría de las veces las misiones son colectivas aunque también las hay individuales.
A parte de estas pruebas, tienen atletismo, lucha cuerpo a cuerpo, individual y grupal así como lucha con armas. El atletismo se practica por lo general en la pista. Principalmente consiste en carrera y salto. La lucha con compañeros se desarrolla a veces en los gimnasios y otras en la misma tierra y arena de la pista y no hay distinciones entre niños y niñas.
En la lucha con armas comienzan practicando con espadas de madera hasta que se acostumbran a su manejo y entonces pasan a espadas de materiales más pesados. “El camino del guerrero es el camino de la espada”, reza la obra maestra y por lo tanto, el conocimiento y manejo de la espada es imprescindible, pero además, es necesario aprender a usar otras armas como la lanza, arco, dagas, cuchillos, así como a montar a caballo. Si bien es cierto que en los primeros años se hace más hincapié en la lucha cuerpo a cuerpo.
Pero no todo es sudor y esfuerzo, también hay momentos más relajados donde se practica la danza; distintos bailes acompañados de ritmos melódicos que deleitan a quienes están presentes.
Una vez que pasan a la siguiente etapa educativa, los túrher aconsejan a los futuros belekî cual debería ser su especialización.
Los jóvenes van vestidos con las faldas típicas de los nurulantê, pero mucho más austeras y de tejidos duros y ásperos en color blanco. Para sobrellevar el cruel invierno, tan solo se les proporciona una túnica de lana, que deben cuidar y arreglar ellos mismos cuando se les estropea. La mayoría de las veces van descalzos aunque disponen de unas sandalias de esparto que se calzan en las ocasiones especiales. El cabello lo han de llevar limpio y bien cuidado. Los más jóvenes llevan una phinde, una fina trenza en el lado izquierdo de la cabeza, lo que les identifica como alumnos de primera etapa. Una vez que concluyen con éxito los primeros 20 años de instrucción, participan en una ceremonia en el templo dedicado a Tulkas, a cuyo término pasan a ser considerados como belek. Su vestimenta cambia entonces al color escarlata propio de Narwä y se les añade una phinde en el lado derecho.
Durante los últimos diez años de estancia en Thyröst se les hace responsables de un grupo de recién ingresados para que desarrollen sus habilidades como líderes y adquiran mayores responsabilidades.
-----------------------------
escrito por Neume (La enseñanza) y Elfo negro (La ciudad).
[Editado por elfo_negro el 08-05-2008 12:14]
