VIDA COTIDIANA MARLLAJTAY
El pueblo Marllajtay se caracteriza por su sociedad estrechamente ligada al núcleo familiar. Desde los tiempos de los supervivientes de los Borhalaidas a su llegada a Híssuë las familias Marllajatay – ýnni – fueron asentándose a lo largo y ancho del Gran Valle de Híssuë, estableciendo así pequeños y dispersos núcleos de población que más tarde, en los años posteriores a la Gran Inundación, fueron denominados aylli, los más grandes de los cuales estaban formados por hasta veinte hogares familiares, y poseían sus propios puertos, graneros y almacenes, corrales, baños y patios - zînni -, además de las terrazas de cultivo en los terrenos más elevados, en las vertientes de las montañas. Estos Aylli constituyen aún en nuestros días la unidad productiva Marllajtay, a menudo muchos de ellos especializados en uno u otro producto.
En un territorio tan vasto como Híssuë, con una población tan dispersa, el medio de transporte que más se ha impuesto ha sido el marítimo, debido a los numerosos canales, estuarios y brazos de mar que penetran en las estribaciones más occidentales de las Andië. Sobretodo después de la Gran Inundación, que hizo subir el nivel del mar hasta las mismas puertas de los hogares Marllajtay. Así, los puertos proliferaron rápidamente en los Aylli cuyos territorios tenían acceso al mar, que eran la mayoría, y en los mayores puertos solían alquilarse embarcadores a aquellas ýnni que se habían emplazado más lejos del mar y que no tenían territorios costeros propios.
Las embarcaciones más utilizadas por los Marllajtay son los kólliec, pequeños navíos de transporte, utilizados por los mercaderes Marllajtay para transportar sus productos hasta los achw’iltica, los mercados flotantes de Híssuë, tanto para la venta de éstos como para abastecerse de aquellas mercancías necesarias que no se producen en su propia ýnna. Cada ýnna puede ser propietaria de una pequeña flota de kólliec, y éstos suelen estar fabricados de madera, y aquellos Marllajtay con más poder adquisitivo los fabricaban con madera de kóll-hué, pero todos ellos tienen habitáculos cubiertos usados de almacén, pues a menudo las aguas del estuario son poco profundas y las embarcaciones tienen cascos planos, no aptos para la instalación de bodegas de carga. Pero sin duda las embarcaciones más numerosas en Híssuë sean los k’yach, canoas destinadas al transporte de personas, de variable tamaño, de una a cinco plazas y prácticamente todo Marllajtay posee un k’yach de una o dos plazas. Están fabricados la mayoría de juncos trenzados, aunque también es posible verlos de madera o troncos ahuecados, y más o menos lujosos y ornamentados. Las embarcaciones de gran calado, como los buques mercantes – kóllwáj – y las galeras de guerra – kolliaotl –, no se internan nunca en el interior del estuario, pero existe un tráfico mercante intenso en las proximidades de Atläntenawq, pues el comercio con los pueblos próximos es fructífero, y en especial con los Númenóreanos en tiempos anteriores a la guerra.
Pero aunque el transporte por tierra nunca ha sido popular en Híssuë, no se ha descuidado este aspecto y es perfectamente posible desplazarse desde cualquier punto de Híssuë a cualquier otro únicamente por tierra, a través de carreteras o caminos, superando los accidentes geográficos gracias a los numerosos puentes y pasarelas colgantes de madera, caña y cuerda que con los años han construido los Marllajtay. Y por ellos circulan las largas caravanas mercantes de llyamë y gwën-akhô procedentes de las zonas más interiores de Híssuë como la Chúkma, la región en las altas cumbres de las Andië. Estas se dirigen siempre al puerto más cercano, para continuar su trayecto por mar, medio mucho más cómodo y veloz. Este tráfico suele transportar productos de la ganadería, de la minería o madera de kóll-hué, y una minoría de productos agrícolas propios de las regiones elevadas. Finalmente, la llegada de los Númenóreanos a Híssuë supuso la introducción de los caballos en la cultura Marllajtay. Aunque éstos nunca han llegado a tener protagonismo en la sociedad, destaca la división de caballería Marllajtay, emplazada en la ciudadela militar de Zinah’awqal y el uso de éstos tanto entre las divisiones de mensajeros como entre los nobles Marllajtay.
Se ha mencionado ya la importancia del núcleo familiar en la cultura Marllajtay. Esta unión familiar facilitó en un principio la especialización de cada ayllu en uno o dos productos concretos, de los que rápidamente se mejoró la calidad y rendimiento en la producción, obteniendo importantes excedentes que se empezaron a utilizar para el intercambio de aquellos productos que no se producían en la propia unidad familiar, o que se producían en cantidades insuficientes para abastecer a toda la familia. Esta especialización pudo haberse extendido a los aylli menores cercanos a aquellos más productivos, llegándose a diferenciar zonas más o menos extensas en Híssuë especializadas en productos concretos.
También esta unión familiar fomentó sobremanera lar relaciones sociales entre todos los habitantes del ayllu, y también con los vecinos. Los Marllajtay gustan de madrugar y así dedicar toda la mañana a la jornada laboral hasta la hora de comer. Suelen levantarse a la salida del sol, y toda la familia toma un desayuno fuerte para soportar la jornada. Los desayunos suelen estar basados en bayas y frutos como el maïth o el puhán, cereales como el q’ýna, carne desecada de gwën-akhô y leche de llyamë y zumos muy variados. Concluida la jornada es muy común que el almuerzo se realice en comunidad entre los miembros de distintos hogares del mismo ayllu. Se trata de una comida fuerte, incluso más abundante que el desayuno y se basa en ensaladas hechas de los más variados y exóticos productos de la tierra, también carne asada, y son muy comunes los pucheros en las regiones más frías y altas en las montañas. Todo se acompaña con q’ýna, alimento muy apreciado por los Marllajtay, y suelen beber tzate. También los productos del mar son muy apreciados.
Una vez concluida la comida los Marllajtay dedican el resto del día a sus quehaceres y al ocio, siendo muy practicada la siesta o kat’ýrîc después de la comida. La vida social en las tabernas y en los baños son muy practicadas. Pues los Marllajtay son muy amantes del baño y los toman siempre que pueden, al levantarse por la mañana, antes de las comidas, o durante el tiempo libre en los baños públicos. Es durante estas horas de la tarde y hasta antes de la cena, cuando la mayor parte de los Marllajtay ya han concluido su jornada laboral, cuando las calles se llenan de vida, repletas de gente paseando o yendo a tomar una jarra de tzate a las tabernas, o entreteniéndose danzando o tocando música en las numerosas plazas. A esta alegre visión hay que añadirle el particular gusto estético de los Marllajtay, visible tanto en sus vestimentas con diseños cargados de significaciones y sus ornamentaciones como en las fachadas de las edificaciones, con tallas en roca de motivos totémicos o alusivos a Zôr-Khôndor, cenefas y otros elementos decorativos. También abundan, sobretodo en las plazas, los monumentos, religiosos o no, de piedra, madera o mármol. Y también en el interior de las viviendas la decoración es abundante, con figuras y tallas decorativas de todo tipo de simbología en madera, aña, maïth o tahua.
Y al término del día, después de la cena, los Marllajtay se suelen reunir en las viviendas de los aylli, y los más mayores suelen contar historias a los jóvenes, pues los Marllajtay destacan también por sus incesantes ganas de conversar, aprovechando cualquier encuentro casual para iniciar una larga conversación. Mientras, otros cantan, bailan o tocan música, actividades también muy valoradas y practicadas generalmente con instrumentos de viento como las flautas y las zampoñas de caña o hueso y de percusión, como los tambores, bombos o maracas. Por este motivo resulta especialmente curioso el contraste entre la vida rápida y ajetreada de la mañana, cuando los Marllajtaty trabajan, y el ritmo de vida alegre y sosegado de la tarde y la noche.
Y otro aspecto muy relevante en la sociedad Marllajtay es el culto a Zôr Khôndor, mediante rituales, ceremonias y ofrendas en los templos o en las plazas frente a ellos, que se practican casi a diario, aumentando notablemente durante las festividades. Por otro lado, los rituales y ceremonias personales también son muy importantes, destacándose las celebraciones del nacimiento de los Marllajtay, momento en el cual los sacerdotes determinan el tótem personal de los recién nacidos y son presentados ante Zôr-Khôndor, luego la presentación de los jóvenes ante la sociedad Marllajtay, cada nueve años en el día del ascenso), durante la cual algunos adoptan el tótem familiar y por último los funerales, en los cuales el cuerpo del difunto es incinerado y su espíritu asciende a través del humo y las llamas hacia el reino de Zôr-Khôndor.