Terminan los días de Ngetal, los fríos vientos invernales campaban ya en las tierras más al sur de las Órenáro y los cielos se volvían cada vez más plomizos con el avanzar de los años. Todo esto ocurría cada año, era el preludio del invierno, cruel y gélido en el extremo sur del continente, suave y húmedo bajo el Aldalaurë.
Los amaneceres comenzaban a ser escarchados en las grandes praderas orientales de Rómenor, en las noches de Al’Varantar un glacial viento cortaba la carne de aquellos infortunados que no habían cargado con ropa de abrigo… todo esto ya había ocurrido y volvería a ocurrir.
Mas algo inesperado ocurrió, los cimientos del continente se estremecieron de norte a sur, desde el extremo oriental al occidental…algo impensado estaba ocurriendo en el corazón de la tierra.
Durante varios días el suelo no dejó de temblar, temibles ecos de una lucha encarnizada y terrible podían sentirse por todo Rómenor, pero nadie sabía qué estaba ocurriendo; muchos acudieron al Oráculo en un viaje baldío pues nada más que una densa niebla encontraron en él; la permanente neblina que ocultaba el Reino Bendito se extendía ahora a ambas orillas del Yánatuine, cubriendo por completo toda la península sagrada.
En los días de Ruis toda la actividad de Rómenor se detuvo, temerosos, todos los pueblos del continente dejaron de un lado las armas y se protegieron en sus más grandes fortalezas temiendo siempre lo peor, que muy pronto las aguas se tragarían sus campos y ciudades. Cuando terminaba el tiempo de Ruis, la tierra pareció calmarse, mas no era otra cosa que la calma que precedería a la tempestad.
En los albores de los días de Beth, las cumbres de Tumbolócea explotaron, miles de rocas subieron a lo alto del cielo para luego caer a muchas millas de distancia (una gran roca fue semanas después hallada cerca de Darmandia). Mas no estaban solas las rocas, inmensas coladas de lava surgieron de los cráteres escarlata, tal era su volumen que la cordillera avanzó varias millas en todas direcciones; y junto con la lava comenzaron a brotar grandes fumarolas de gases venenosas e inmensas columnas de un humo tan oscuro y denso que impedía al brillo de Anar tocar la superficie de Rómenor.
Los pueblos del continente temían que la furia de los Valar se hubiese desatado en aquel lugar como ya había ocurrido siglos antes y permanecieron en sus refugios. Más de una semana estuvieron las Tumbolócea escupiendo sus negros vapores, tal fue su cantidad, que una gran nube azabache cubrió la totalidad de Rómenor impidiendo que sus habitantes vieran el sol.
Durante todos los días de Beth que restaban, no hubo ningún alba ni ocaso, sólo una ininterrumpida noche sin estrellas que provocó que el clima se hiciera extremo incluso en el moderado Aldalaurë. Todos los campos se helaron, varios pies de nieve cubrían gran parte del continente, la gente enfermaba de frío y por la falta de luz.
Rómenor agonizaba, sus habitantes estaban muriendo y su aire y agua eran una fétida mezcla de polvo y ceniza hasta que llegaron los días de Luuis; el año 1601, el más terrible de toda la historia del continente, moría, pero traía la esperanza a las gentes de Rómenor.
El día 1 de Aqua Luuis un fuerte y frío viento comenzó a soplar desde Soronnorië expulsando a la oscura nube hacia el mar septentrional. Tal era la fuerza de este viento que incluso las perpetuas nieblas de Maianor desaparecieron y por primera vez en muchos siglos, la ciudad de Tol Mar-Maiar podía verse desde el mar (si hubiera habido alguien tan audaz como para desafiar a los fuertes vientos de esos días).
Durante varios días sopló el viento sin descanso hasta que no quedó rastro de nube alguna sobre el cielo de Rómenor, el año 1601 llegaba a su fin mas la gente del continente volvía a la vida, a terminar todo lo que habían dejado pendiente antes de los terribles sucesos de Ngetal.
Pronto, muy pronto, sería 1 Ether Nion y las ceremonias de renacimiento de este Primorï tendrán una significación más especial que en anteriores ocasiones.
