
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 5
Helkanor, la Tierra Helada
Jugandose · 02-03-2012
Indice
Prologo
Año 12 de la Cuarta Edad del Sol.
Cuentan los poemas y canciones de bardos la historia de dos gemas, las Gemas de Hielo, unas gemas de poder y valor incalculable, finas, detalladas, especiales. Tras la Guerra de la Cólera, el Maia Helkë, uno de los siervos de Morgoth, se refugió en Helkanor, la Tierra Helada, una región del Norte de la Tierra Media, esperando escapar así de la ira de los Valar. Pero estos finalmente lo encontraron, y se dice que cuando fue castigado a permanecer confinado en los Hielos Sempiternos del Norte, más allá de las Montañas Grises, sus dos ojos cristalizaron convirtiéndose en dos preciosas gemas de un color azul perlado. Los Noldor tomaron esas gemas como triunfo sobre las fuerzas del Mal en las guerras de Beleriand. Sin embargo, con el correr de los tiempos, esas gemas se olvidaron y acabaron entre las pertenencias de los Khûzam.
El pueblo de Khûzam era un pueblo Enano que a comienzos de la Tercera Edad del Sol era próspero en las Minas de Gûr Buzag en las laderas occidentales de las Ered Faroth. Sin embargo, Cuthol, un dragón de hielo, asoló sus Minas, se apoderó de todas sus pertenencias y los obligó a huir, apoderándose de sus joyas y objetos de gran valor. Fueron al Norte, hacia el Hielo Sempiterno, a las montañas heladas de Ered Uilossen, donde se instalaron, confiando en alguna vez recuperar su hogar y sus pertenencias. Tras el saqueo de Cuthol, las Minas de Gûr Buzag quedaron abandonadas, y con el paso de los años fueron olvidadas por el resto de habitantes de Helkanor, convirtiéndose en una leyenda. Muchas eran las historias y cuentos que se contaban sobre las legendarias Minas de Gûr Buzag y de los incalculables tesoros que allí se habían guardado.
Como ya se ha dicho, Cuthol era un poderoso dragón de las Montañas Grises que durante siglos asoló todas las tierras de Helkanor. Es poco lo que se conoce de él, solo que era un dragón de frío: expelía hielo o nieve en vez de fuego. Aunque pasaba largas temporadas sin ser visto, cada pocos años salía de su guarida secreta y atacaba las cada vez más escasas poblaciones de la región. El miedo a Cuthol era tal que la mayoría de los habitantes de Helkanor marcharon lejos, buscando refugio en otras tierras, y allí donde iban contaban los horrores de Cuthol, pero también hablaban de lo fabuloso que era su tesoro. Incluso el resto de dragones que aún vivían en aquellos días temían a Cuthol, y ninguno se atrevía a entrar en la Tierra Helada. A mediados de la Tercera Edad fue muerto por Gundsalf el Bravo, un cazador que moraba en el bosque situado en las laderas occidentales de las Ered Faroth. Tras matar al dragón, Gundsalf volvió a su aldea natal de Naere, y al contar su historia todos se alegraron, y junto a muchos hombres recorrió las montañas en busca de la guarida de Cuthol para apoderarse de su legendario tesoro. Pero nadie consiguió encontrar el escondite del dragón, y muchos de los hombres que acompañaron a Gundsalf no regresaron, y desde entonces el bosque fue conocido como el Bosque Espectral, y nadie se atrevía a acercarse al lugar en el que descansaban los huesos de Cuthol. Pero se dice que Gundsalf, obsesionado por encontrar el tesoro del dragón, no regresó a Naere, y se quedó en las montañas, y nadie más lo volvió a ver con vida.
Las nuevas de la muerte de Cuthol se propagaron rápidamente por toda la Tierra Helada, y fueron muchos los que al igual que Gundsalf sufrieron el mal del dragón y quedaron obsesionados por su tesoro. Pero nadie pudo encontrar la guarida secreta de Cuthol. Se vivieron largos años de paz, y la región prosperó, y aunque los Enanos de Khûzam querían regresar a su antiguo hogar en las Minas de Gûr Buzag, les aterrorizaba el Bosque Espectral y temían que el espíritu de Cuthol aún morara en aquellas tierras. Pero la noticia de la muerte de Cuthol también les llegó a los otros dragones que moraban en el Brezal Marchito, y atraídos por su tesoro, asolaron la región. La mayoría de las aldeas fueron abandonadas, y se vivieron años de lucha y terror, pero hacia el final de la Tercera Edad del Sol, tras la partida de Smaug el Dorado hacia el Sur, Hazzar, el último de los dragones, fue muerto, y la región quedó en paz.
Pocos años después, Zin-zal, uno de los Enanos del pueblo de Khûzam, fue protagonista de un hecho fortuito. Sin saberlo, despertó a Helkë, liberándolo. Sin embargo, como ya se ha contado antes, el Maia había perdido sus ojos y al comprobar que estaba ciego, rugió tanto de rabia que una gran tormenta de hielo asoló gran parte de la región. Desesperado por recuperar sus ojos, Helkë supo que desde que se los arrebataron fueron conocidos como las Gemas de Hielo, y que el dragón Cuthol, siglos atrás, se había apoderado de ellos. Ciego y sin siervos a sus órdenes, Helkë percibió el anhelo de los Enanos del pueblo de Khûzam, recuperar lo que les había robado Cuthol y volver a habitar en su antiguo hogar, y se aprovechó de ello. Entonces, habló con palabras dulces, diciéndoles que su furia era grande, pero también su generosidad, y les prometió que si le servían y le ayudaban a encontrar las Gemas de Hielo les devolvería todo lo que perdieron a manos de Cuthol. Los Enanos del pueblo de Khûzam vacilaron, pues algunos pocos dudaban de las intenciones de Helkë, pero finalmente el deseo de regresar a su hogar y recuperar lo que había sido suyo pudo más que las dudas, y se pusieron a su servicio. Le construyeron una fortaleza, Henelke, El Ojo del Hielo, una maravilla arquitectónica formada a partir de piedra y hielo. Llamaron al Maia Helkeon, Señor del Hielo, y lo veneraron mientras él ennegrecía sus corazones. Los Enanos, ya conocidos como los Enanos Malditos, impusieron el miedo y el temor a Helkeon, que no pararía de asolar la Tierra Helada con terribles tormentas de hielo mientras no encontrara sus ojos, conocidos como las dos Gemas de Hielo, incluidas en el perdido tesoro de Cuthol. Muchos de los habitantes de la región, que creían que por fin vivirían en paz tras la muerte de Hazzar, huyeron, y las historias sobre Helkeon, las Gemas de Hielo y el fabuloso tesoro de Cuthol se extendieron y se propagaron, atrayendo a muchos aventureros de todos los rincones de la Tierra Media.