Historia pública
Historia pública en desarrollo #70
Descripción
La Sombra Regresa Esta historia trata de la ascención de un nuevo poder oscuro y de lo que hacen los decendientes de los antiguos heroes en la guerra del anillo para contrarrestar este nuevo mal.
Ambientación
Cuarta Edad de la Tierra Media
Personajes
Estel, nieto de Aragorn
Ilinor y Aranil llegaron al cabo del rato, pero no percibieron la presencia de la elfa, todavía. Eowyne y Aiwëndil seguían de pie y apartadas de los soldados, una vez que Eowyne les había dicho que no había peligro.
Hace mucho visité el pais de Ithillien, pero tu aún no habias nacido.-dijo la elfa.- Bien me gustaría escuchar esas noticias.
En Ithillien ya se ha extendido la sombra..pero no hablaremos de ello ahora, si no que iremos a comer algo antes.- Dijo Eowyne.
Ithillien en sombras! Si vuelvo a ver la Ciudad, será para ofrecer ayuda de Rivendel y Lothlorien, ya que aunque no son muchos los elfos que quedaron..aun son suficientes!-dijo Aiwëndil.
-Sería un honor combatir junto con los hijos de Ilúvatar.-dijo Eowyne.-pero ahora necesitaríamos miles de ustedes para combatir lo que se acerca.
-¿Porqué lo decís, princesa de Ithillien?-le preguntó Aiwendil.
El rostro de Eowyne se contrajo de pavor. El sólo recordar el chillido de las bestias aladas de los Nazgul le daba un pánico espantoso. El recordar cómo el cielo se oscurecía durante días era espantoso. Se le quitó el apetito.
-Comprendo.-dijo Aiwendil. Le dio pena ver a una muchacha tan joven y tan triste, tan fría. Se sentaron a comer. Los soldados se fueron a un lado, mientras Eowyne, Ilinor, Aranil, Estel y Aiwendil se sentaban a parte.
-Disculpad, ¿Quién sois vos?-dijo Aranil apenas vio a Aiwendil. Se le hizo demasiado conocida su tez blanca, los ojos grises y el cabellos negro como el azabache que ella misma tenía tambien.
-Soy Aiwendil, hija del Rey Elessar y la reina Arwen. Pero nunca me habíais visto porque hace mucho que no voy a Minas Tirith. Y quien sois vos, bella jovencita?
-Soy tu sobrina, Aranil, princesa de Gondor. Él es Estel, mi hermano, heredero del trono de Gondor, y él es Ilinor, descendiente de Legolas, heredero del trono del Bosque Negro.
mientras esto sucedía, al norte de la tierra media se empezaba a levantar un poder que era mayor a todo poder en la tierra media, un poder que nadie sabía que existía se estaba fortaleciendo rápidamente. al parecer este poder había sido despertado desde hace mucho por el mago Saruman y nunca nadie se había percatado de el. muy pronto comenzaría una batalla mayor aun, esta vez quizá sería el fin de el reinado de el hombre en la tierra media.
Aiwendil miró a los tres muchachos sorprendida. Y se apenó de no haber ido antes a Minas Tirith.
-No sabia que Eldarion hubiese tenido hijos.-Una sonrisa le iluminó el rostro-Eres la viva imagen de Arwen, mi madre.
Aranil se sonrojó.
-Y tus rasgos Estel delatan que eres nieto del gran Elessar aunque también me recuerdas a mi hermano- Y suspiró triste.-Ilinor he oido de hablar de ti por los bosques, algun dia seras rey del bosque negro.
Se levantó y abrazó a sus sobrinos calurosamente.
-Creo que es hora de que vayais a dormir, mañana sera un día duro-aconsejó Eowyne.
Estel y Aranil se despidieron de su tía preguntandose si la volverian a ver. Mucho temian que no.
Mientras Estel dormia Ilinor se levantó y desperto a Aranil. Ella medio dormida siguió a Ilinor.
-Aranil yo queria decirte que en estos últimos días hubiese querido volverme sobre mis pasos y regresar a Minas Tirith pero había un motivo que me lo impedia.
-¿Cuál es el motivo?
-Tú, cada día que pasa siento que mi destino esta fuertemente ligado al tuyo, hace poco me negaba lo que me estaba pasando pero al final lo comprendi...Yo me he enamorado de ti.
Toda somnolencia abandonó a Aranil. De estar pálida gracias al frío, sus mejillas tomaron un intenso color rojo. Ni siquiera pudo mirar a Ilinor. Se sentía asustada, y, en lo profundo de su corazón, había esperado mucho tiempo ese momento. Pero, ahora que había llegado, y el joven Ilinor le había confesado sus sentimientos, ella no sabía qué hacer. No podía negar que le atraía. Al fin se aventuró a mirarlo. Él la observaba impaciente, los ojos claros, espejos donde se reflejaba la luz de las estrellas, estaban más brillantes que nunca, pero un expresión seria había invadido su rostro.
-yo...yo-murmuró Aranil.
-No. No tienes que decirme nada ahora.-dijo él, acallándola suavemente, para luego tomar las manos de ella entre las suyas.
Aranil quitó sus manos de entre las de Ilinor, para luego abrazarlo con fuerza.
Bajo la luz temblorosa de miles de estrellas, de pie sobre la hierba verde de Rohan, Aranil e Ilinor, con beso, sellaron sus destinos.
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-¿Aranil?-murmuró Estel, dormido, tanteando con la mano el lecho de su hermana. No encontró el habitual bulto que ella formaba debajo de las sábanas. Luego fué a revisar si Ilinor estaba. Tampoco.
Estel se puso la cota de malla sobre la camisa, y se abrochó el cinturón con la espada al cinto. Corrió como un loco hasta la tienda de Eowyne, e irrumpió en ella sin avisar. Encontró a la dama profundamente dormida. Pero antes de que pudiera decir una palabra, Eowyne se levantó de improviso con una daga en la mano.
-Señor...disculpadme..no fué mi intención.-se excusó ella, algo confusa. Estel la miraba con precaucion, a una buena distancia de la princesa de Ithillien.
-Mi hermana e Ilinor no están.-dijo,por toda respuesta.
-¿Qué?
-No están en la tienda y no los veo por ningún lado.
Eowyne, rauda, aún en camisón, tomó su espada y su escudo, y salió junto con Estel. Despertaron a los guardias, que también se habían quedado dormidos, y comenzaron a buscar a la princesa de Gondor y al Principe del Bosque Negro.
Al fin Eowyne los divisó, y corrió hacia ellos. Le sorprendió ver que caminaban tomados de la mano, con la cabeza gacha y una sonrisa en los labios.
-Por Erú Ilúvatar! Qué susto me habéis....
Eowyne fué interrumpida en su reclamo. Un cuerno orco sonó en la lejanía, y un clamor distante les heló la sangre en las venas.
Echaron a correr hacia el campamento, y Eowyne dió la orden de tomar las armas, los víveres y los caballos, y partir sin más demora, sin desmontar las tiendas.
El carromato de los víveres fué alistado con celeridad. Aranil, Estel e Ilinor tomaron sólo sus armas y una pequeña parte del equipaje que llevaban, y se montaron en sus caballos. Los hombres de a pie vaciaron otro de los carros de víveres y se subieron a él. Eowyne metió su armadura en un saco de tela, se puso sus botas y su ropa de rastreo rápidamente, y salió.
Entre las prisas por empacar, a Aranil se le había quedado algo atrás.
A la tenue luz de la lápara de aceite, brillaba un broche con forma de hoja de mallorn.
Aranil cabalgaba intranquila. Los Orcos los seguían. Ahora que había entendido lo que sentía. Que su destino había sellado. Que sabía que amaba a Ilinor. Que intuía que su hermano los comprendía y los respetaba. Ahora. Ahora había que correr, justo cuando ella anhelaba compartir una tarde tranquila con Ilinor. Al pensar en el elfo, se llevó la mano donde el broche que Ilinor le había regalado debia estar. Pero no estaba. Entonces, siguiendo un impulso, extendió la mano a su derecha, y pronto sintió el contacto de la mano de Ilinor. Les esperaba un largo viaje.
Estel tampoco se hallaba tranquilo. No es que le aterrara la guerra. O quizás sí, no lo sabía. Desde luego ya no la anhelaba tanto como antes de partir de la Ciudad Blanca. Tan solo pensando en que el Reino Unificado que su abuelo, Telcontar, había reconstruido, iba a caer, se estremecía. También temía por su hermana. Y por su eterno compañero de juegos y amigo, Ilinor.
mmientras tanto en gondor una pequena compania de orcos y trols se acerco a la ciuda con alguien escondido en una ca capucha y pidio parlamento ante la puerta el rey salio con al gunos guardismyy ypregunto : quien es el capitan de este regimiento el encapuchado fue a sia delante y se saco la capucha era nada menos que el rey brujo todoslos de la guardia de rey se asustaron y el rey se sorprendio. el rey brujo digo: rindanse vayan a ala tirerra que se extiende esntre hobintoon alos puertos grises y no moriran. el rey un poco asustado digo q:lucharemos asta la muerte por gondor aunque el mismo sauron volviera no huiriamos. el nasgul enojado digo entonses sufriran mi ira i la de mi señor too un caballo negro que tenia su vcompania y digo :vamonos degemos a losniños en el corral que pronto moriran