Historia privada

Quenta Nimgûl Nwalmegîl

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Fragmento 15 por Isilmeriele

Despertó algo sobresaltada. Alguien gritaba con fuerza, con desesperación. Se levantó y se asomó por la ventana de la habitación.

No se alcanzaba a ver nada, la noche había caído profundamente, cubriéndolo todo con un triste y lúgubre negro. No había luna, y las estrellas habían sido veladas por unas nubes altas y apretadas que anunciaban lluvias.

Miró hacia los calabozos. La luz de allí se derramaba fuera por entre los agujeros de las puertas, atravezando a su vez los barrotes de hierro oxidados por los años. De ahí provenían esos gritos de agonía y dolor que la habían despertado.

No soportaba la curiosidad de saber que estaba ocurriendo ahí, por lo tanto se vistió y se guardó una daga pequeña, por las dudas.

Bajó las escaleras sin hacer el mínimo ruido, ya que en la casa todos dormían.

Caminó entre los árboles del jardín y por un sendero abandonó la cerca del recinto principal y llegó a una zona rodaeada por barrotes. Había un portón entreabierto, y por allí entró, perdiéndose detrás de las sombras de los robles viejos que vigilaban la entrada a las mazmorras.

En la puerta habían dos guardis. Ambos eran Haradrims dado que Hyarmenhir casi nunca solía admitir entre los suyos a ciudadanos de otros pueblos o personas procedentes de otras razas.

Mornaórë era ya conocida por la mayor parte del personal de Hyarmenhir. Sus ideas respetadas, y más aún su carácter.

Así al avistarla desde lejos los dos guardias supieron que se trataba de ella.

-Buenas noches- saludó Mornaórë.

-Buenas noches Hyarmenêl- respondió uno de ellos-¿Se te ofrece algo?.

-Si, quisiera entrar al calabozo, por favor- sonrió con inocencia para ganarse la entrada más fácilmente.

-No puedo permitirte la entrada- se adelantó a decir el otro- todos aquí sabemos que el Señor no te permite la entrada a ti al calabozo.

En ese momento se sintió un chasquido y un grito desgarrador. Mornaórë se tapó los oídos con las manos, porque no soportaba los ruidos fuertes. La ira se apoderó de ella y sacando la daga amenazó a los guardias.

-¡Déjame entrar!, ¿Qué están haciendo?, ¿eh?...

-Tranquilízate Hyarmenêl, sabes que es contra las reglas!, baja esa arma!.

Al fín el otro guardia cedió a los ruegos de la joven, para evitar problemas después. Mientras Mornaórë entraba al calabozo uno de los guardias le grito que todo lo que le pudiera suceder ahí dentro era problema de ella.

Al principio sintió miedo de aquel lugar. Como un soplo helado que bajó despacio desde la espalda, haciéndole temblar. Luego los ojos se le acostumbraron a la penumbra y pudo observar ahí dentro, detrás de las rejas, entre la suciedad y la miseria, las caras de los prisioneros. Sin embargo eso no le importaba, sinó que quería descubrir a que venían tantos gritos.

Un pasadizo la llevó a una cámara de piedra, allí en el piso manchado con sangre había una niña mbos lados de la puerta dos hombres custodiaban la entrada. Al ver a Mornaórë los Haradrims se miraron sorprendidos.

-¿Qué haces tu aquí?- preguntó con un tono muy grosero.

Mornaórë lo miró bien directo a los ojos con una expresión burlona en el rostro. Lo miraba intensamente, excababa en su interior, profundizaba en su mente, penetraba en sus recuerdos. El la miraba horrorizado.

-¿Qué..que...estás haciendo?- no dijo más, comenzó a sudar y sus ojos se pusieron en blanco. Así cayó al suelo, y el otro guardia, más espantado aún sañió corriendo de ahí gritando maldiciones en élfico y llamándola bruja. Más extrañada estaba ella, pensando lo que diría Hyarmenhir si se enteraba de lo que había sucedido. ¿Había matado a aquel hombre?.

Lo pensó durante unos instantes y concluyó en que no le importaba. Uno más uno menos...¿Influiría en algo para el Señor?...no, en absoluto.

Además, pensaba ella, bien merecida tenía la muerte ese infelíz. Porque la joven observó que llevaba un látigo enorme en la mano, ensangrentado y rasgado. Con el azotaba aquella niña.

-Desgraciado!- gruñó Mornaórë- a ver si la próxima vez te buscas uno grande como tu. Lo pateó con fuerza para que no se le olvidara.

Luego tomó las llaves y abrió las reja. Entró despacio, evitando hacer mucho ruido con las otas que llevaba puestas. Se arrodilló junto a la niña y la movió para saber si aún seguía con vida.

La pequeña se levantó rápida y se sentó en un rincón, asustada y temblando. Tenía el rostro empapado en sangre, así como también el vestido.

-Descuida, no te voy a hacer nada- sonrió- dime: ¿De dónde eres y cómo llegaste aquí?...

En ese momento sintió pasos y al darse la vuelta encontró la cara desepcionada de Hyarmenhir.

-¿Qué pretendes Mornaórë?, ¿Acaso no te di mi confianza?, con esto me pagas...- calló.

-Mi Señor...déjeme explicarle.

-No hay nada que explicar, mataste a uno de mis hombres...¿Sabes como condeno yo a quienes hace eso?...haciéndoles lo mismo.

Mornaórë lo observo sorprendida, pensando que la iba a matar. Bajó la cabeza, como rendida.

-Pero a ti no te mataré, no podría hacerlo. Tan solo te daré un castigo que quizá sea peor que la muerte. No irás a la guerra.

Aquella noticia la dejó por completo en blanco y no supo que decir...

[Editado por Isilmeriele el 11-04-2005 21:40]

Fragmento 16 por Isilmeriele

Instantaneamente los ojos se le inundaron con lágrimas y la voz le salía como un hilo, perdiéndose en el silencio mortal que se había hecho en torno a ella. Los hombre las miraban con miedo y rabia, Hyarmenhir con severidad y dolor.

Al final levantó la mirada, y secándose las lágrimas miró fijo a Hyarmenhir.

-¿Cómo te atreves?, ¿Cómo te atreves a mirarme asía a mi?, ¿Es que también quieres matarme?, ingrata!.

Mornaórë habló al fín:

-Es verdad que yo maté a ese hombre, pero no fué solo víctima de mi rabia, sinó que fué víctima de mi poder. Mi Señor, sabe que no puedo controlarlo, no se lo que puedo hacer con la mirada, no lo sabía hasta hoy, y aún no lo comprendo. Si fuí dotada de un mayor poder que los demás ¿Por qué no aprobecharlo?.

-No hablo solo de eso Mornaórë y tu lo sabes. Yo también fuí víctima de tu poder hace ya mucho tiempo, pero estoy hablando del hecho de haber entrado a los calabozos cuando bien sabes que no tienes mi autorización. Y más que eso, proteger a un prisionero.

-No es más que una niña!, ¿Esos son acaso tus prisioneros?, que valientes son tus hombres que golpean niños...¿Qué clase de prisioneros son éstos eh?.

-No tengo porqué responder tus preguntas niña, y hago prisionero a quien me plazca y que no obedezca mis ordenes. ¿Acaso es tu problema a quienes haga mis prisioneros?...creo que no, y no hablaré más por ahora. Vete a la casa, más tarde tendremos una conversación.

Mornaórë salió de las mazmorras rápidamente y cuando llegó a la casa se encerró en su habitación. Tendida sobre la cama pensaba en todo lo ocurrido aquel día, y había estado tomando forma en su mente la idea de avandonar aquel lugar y marchar muy lejos de allí, hacia donde fuera, eso no le importaba.

Se durmió invadida por las lágrimas y cuando despertó Hyarmenhir estaba sentado en un silló próximo a ella. Se incorporó y bajó la cabeza, triste.

-Deberías pedirme perdón ¿No te parece?.

-Si, me parece, pero lo que también me parece es que tu no me entiendes...¿Porqué es tan difícil para tí darte cuenta que no puedo controlar esto?...

-Si lo entiendo, Mornaórë hija, no es eso lo que me molestó, no me importa haber perdido uno de mis hombres, no es eso, es el hecho de tu desobediencia que me incita a no tener más confianza en tí. ¿Acaso no te dije que estábamos del lado de la oscuridad?, ¿o me olvidé de ese detalle?...No debes entrometerte en esos asuntos, estás aquí cumpliendo mis órdenes, no te corresponden más que los Nwalmegîl, no debes entrometerte en los otros asuntos que no sean de Guerra.

-Lo siento, de verdad lo siento, pero ahora dime: ¿Acaso no puedo estar del mismo lado que tú y sin embargo hacer que las cosas se respeten como deben?.

-Entiendo a lo que te refieres y entiendo tu posición al respecto, es injusto, lo se...pero hay algo que tu no sabes y te lo voy a contar...

Hace más de 50 años, cuando yo era un niño, fuí hecho prisionaro por los Hombres de Gondor. ¿Sabes lo que me hicieron?, me ataon a un árbol una noche de tormenta y me dejaron ahí, otro día y otra noche hasta que casi había muerto de la fiebre y las enfermedades. Ahí me curaron, aunque hubiera preferido la muerte. Me castigaron solo por ser un Haradrim, porque los Hombres de su pueblo estaban en guerra con los del mío. ¿Tendría yo ahora que perdonar a sus hijos?, después de eso ya no perdoné a ningún prisionero, fuera quien fuera.

Mornaórë se quedó espantada ante el dolor que se marcaba en las tantas arrugas de la cara del Haradrim. Angustia, sufrimiento...venganza. Reflexionó y luego levnatando la mirada le dijo:

-No entiendo entonces tu razonamiento. Venganza, eso si, y sin piedad para aquellos hombres que atormentaron a todos y cada uno de los niños de Harad, pero...¿Porqué hacerles lo mismo a ellos?. ¿Piensas acaso cada vez que escuchas a uno de esos niños gritar que uno de ellos poderías haber sido tú?. seguramente no, ¿Verdad?.

-No, no lo pienso así y quizá tengas razón, pero en mi lugar no lo harías. Nunca estuviste en mi lugar. Mira, hagamos un trato: Tú no te metes más en los calabozos y yo te permitiré que sigas con tus planes de Guerra. Podrás ir como era la idea a cargo de tus Nwalmegîl.

¿No era aquello acaso lo que ella más deseaba?...Conquistar la victoria en una Batalla de verdad, demostrando su valor y conocimiento en cada movimiento de su espada...¿Iba a cambiar todo lo que había soñado por una idea pasajera, una rabia pasajera que se iría de su mente con tanta facilidad?.

-Acepto- dijo tendiéndole la mano a Hyarmenhir.

-Muy bien Capitana, es lo mejor que puedes haber hecho- Sonrió.

[Editado por Isilmeriele el 15-04-2005 19:24]

Fragmento 17 por Isilmeriele

¿Había hecho bien?. Si, seguro que si.

Hyarmenhir le dió las buenas noches y cerró la puerta tras el. Pero ahora Mornaórë estaba desvelada por completo y le iba a ser muy difícil volver a conciliar el sueño. Caminó hasta le vantana y miró hacia afuera. La luz de la luna se derramaba sobre su vestido blanco. De pronto sintió ruido y vió la puerta abrirse, muy lentamente, como queriendo decir que quien entraba no quería ser oído.

La figura de un hombre se distinguió entre las sombras. Mornaórë clavó sus ojos en la oscuridad y vió a Rwenan. Venía dando pequeños pasos, silencioso.

Ella no tuvo tiempo para decir nada y el la tomó por la mano y le dejó e la palma cerrada una flor blanca.

-Para tí Isilmeriele- dijo sonriendo

-¿Isilmeriele?, ¿Porqué me llamas así?- ella se hacía la desentendida.

- Porque tienes en el rostro atrapado el brillo de la luz de Isil. Mírate, tan frágil y a la vez tan dura!, pareces una princesa joven de esas que aún no han visto muchas primaveras y sin embargo eres una guerrera, defendiendo aquello que quiere.

-Rwenan...¿A qué viene todo esto?, ¿Cómo lograste llegar hasta aquí?...Si Hyarmenhir te v...

No dijo más pues el se inclinó sobre ella, junto a la ventana y la besó. Cuando abrió los ojos se sintió totalmente confundida. ¿Qué le estaba pasando a Rwenan?, Mornaórë nunca lo había visto así.

-No digas nada- le dijo mientras acariciaba sus labios- sabes porqué estoy aquí.

Ella se apartó un poco de el, con disimulo.

-La verdad no lo se, y creo que estás confundido. Lo siento.

Caminó hasta la puerta y lo hizo salir. Luego volvió a acostarse, pero sintió una punzada de arrepentimiento.

Fragmento 18 por Isilmeriele

Volvió a cerrar los ojos, intentando poner en blanco su mente y darle un rumbo a sus ideas.

¿Porqué la había besado diciéndole que ella entendía porqué lo hacía?

Se sintió enfadada consigo misma por haber actuado de ese modo. Al fín-pensó- el ha sido más que un compañero, más que un soldado Nwalmegîl, el había tocado algo más profundo en ella. Había removido con su mirada gris y fría las cenizas del corazón de la joven, había llegado tan profundo...

Quizó ir a buscarlo y pedirle perdón y abrazarlo hasta que amaneciera, con su cabeza reposando sobre su fuerte pecho, sintiendo su respiración. Pero no, estaba a solas con su pena encerrada entre aquellas cuatro paredes blancas.

Intentó dormir pero no pudo. ¿Tenía miedo de entregarse a lo que sentía?. No era eso-volvió a reprocharse- no tengo miedo, solo que fué tan repentino... Llegó en la oscuridad, como traido por el viento de la noche, haciendo del silencio sus pasos, cortando con su aliento el aire inmóvil, envolviéndola a ella en un sortilegio, cerrándole los ojos, inspirándola a seguirlo a través de aquel beso profundo que le transmitió con confianza y pasión.

<<Sabes porqué estoy aquí>> No, no lo sabía. Pero lo sospechaba. Temía haber roto en pedazos en un segundo todo aquel tiempo de amistad, esperaba poder explicarle al día siguiente todo lo que no le había dicho en aquel instante confuso.

Amaneció y cuando el sol tocó tímidamente la piel de Mornaórë, ésta se despertó y se dió cuenta de que había estado durmiendo sobre el sillón. Entonces le vino a la cabeza la escena de la noche pasada. Se vistió rápido, necesitaba encontralo, hablar con el antes de que comenzaran las preparaciones para partir a las tierras enemigas.

Bajó de su habitación, por un pasillo oscuro, donde las ventanas habían sido selladas en tiempo de guerra y por donde, ahora, no alcanzaban a llegar los rayos del sol. Bajaba rápido, de a dos escalones, manteniéndo la mano derecha sobre las piedras frías de la pared interna, para no perder el equilibrio. Cuando llegó abajo la luz del día ya avanzado la cegó.

Se dirigió, ya con el arco en mano, a la zona donde practicaban los Nwalmegîl. Aislada, unos quinientos metros hacia la derecha del castillo, había una zona de hierba corta, con grandes árboles, frondosos...el comienzo del bosque. Ese era su segundo hogar. A veces, se quedaba allí hasta altas horas de la noche, escuchando las historias de los miembros más viejos de su ejército. Aunque la mayoría de los Nwalmegîl, tenían un concepto bastante malo sobre ella, debido a historias que no respetaban montañas ni distancias, la llamaban hechicera. No obstante ella no hacía caso de esos comentarios falsos y se reía en silencio, porque pese a todo, aquellos que controlaban la \"magia\" eran temidos, y muy respetados.

Avanzó con el cabello ondeando a la brisa matutina, y entonces llegó al claro onde sus hombres ya estaban descansando.

-Bien- dijo mientras colocoba el cajac en el suelo- arribatodo!, tenemos un día por delante antes de partir al combate. Los quiero a todos enla mejor forma, para evitar retrasos.

Se apartó de ellos buescando con la mirada a Rwenan. Ahí estaba, sentado sobre un vuejo tronco caído, con la vista fija en ella, con el rostro inexpresivo.

No pudo evitarlo, se sintió atraída hacia el, y caminó hasta llegar a encontrarlo, arrodillándose en el sulo húmedo de rocío, le quitó el arco y lo tomó suavemente por las manos, induciéndolo a incorporarse.

-Tenemos que hablar- dijo ella.

-¿Te queda algo por decirme?- apartó la mirada, evitando los ojos de ella, que sentía clavado en su carne, viéndolo todo.

-Si, tengo tanto para decirte...- lo soltó.

-Me duele lo que me haces Mornaórë, ¿Porqué no te alejas de mi?, ¿Me quieres ver sufriendo por aquello que se que nunca tendré?.

-No, por favor, escúchame...

Sin embargo no pudo seguir, porque Hyarmenhir acudió de prisa indicando que debían estar todos prontos para partir en la madrugada del día siguiente, antes del alba.

Con un movimiento de manos la llamó y ella se alejó de Rwenan, bajando la mirada.

-Sé que lo harás bien, ten confianza en tí- dijo dándole palmaditas en la espalda.

-Si, no le temo a la muerte, sabes. Le temo a ser hecha prisionera, a morir encerrada entre cuatro paredes.

El la abrazó y se alejó, indicándole que continuara con su tarea.

No tuvo tiempo de volver a entablar una conversación con Rwenan, porque le dedicó todo su tiempo a los últimos detalles en el entrenamiento de los Nwalmegîl.

Se fué a casa exhausta. Tenía la cara y las ropas enbarradas. Las manos heridas por el roce de el arco y las flechas. Se bañó, y sintió como el cansancio se iba con el agua. Sin embagro, aunque su cuerpo estaba en paz, su alma la atormentaba, pidiéndole a gritos que le dijera a Rwenan lo mucho que lo quería.

Fragmento 19 por Isilmeriele

Sopló el viento, y el suelo se mojó con las primeras gotas de lluvia, de lo que fué una tormenta que duró toda la noche.

El resplandor de los rayos reflejados en la losa del suelo le quitaban el sueño a la joven, que mientras intentaba perderse de esos pensamientos que la atormentaban, más se hundía en ellos.

<<Despréndete de todos aquellos recuerdos que te hieran, aléjate de todo aquello que te arránque lágrimas>> le había dicho en una oportunidad Rossëpúrea. Pero aunque quisiera no podía, y de eso estaba segura.

No supo como consiguió dormirse, pero cuando volvió a abrir los ojos se encontró con la hostil mirada de un cielo palidecido por las nubes cargadas de lluvia que ocultaban tras capas de humedad, las estrellas.

Sintió un calor sofocante en la garganta, y se levantó, en sumo silencio en busca de agua. Bajó las escaleras, y sinió el calor de una respiración detrás desu nuca. Cerró los ojos, apretando los puños, intentando no hacer una estupidéz.

No hubo palabras, y aquel momento le pareció una eternidad, en la que iba cayendo, despacio, dejándose llevar, entregándose a un poder mayor que el suyo.

-¿Porqué huyes?- dijo el acercandose lentamente al cuello descubierto de ella.

Mornaórë no soportó la tentación que aquello le producía y se volteó rápida, con una sonrisa evanescente y lo besó, lo besó con ganas, intentando no arrepentirse de haberlo hecho.

El comenzó a subir las escaleras, mientras la rodeaba con sus fuertes brasos. El silencio reinaba todo alrededor, solo lo irrumpía el suave murmullo de la lluvia que goteaba desde las ventanas.

Caminaron hasta el cuarto, y ella lo soltó. Rwenan cerró la puerta, pero ella, en lugar de mirarlo, volvió hacia la ventana, asumiendo la misma postura que el día anterior.

-Moranórë...- fué lo único que alcanzó a decir el.

-Lo siento, lo siento tanto Rwenan... ¿Cómo podrías entenderlo?, si solo me lo reprochas.

El se sentó en el borde de la cama, observándola y deseándola en silencio, gurdando el dolor que tenía escondido en los ojos. Pero de forma repentina algo la impulsó y se sentó con el, tomando la cabeza de el entre sus manos finas y blancas, se recostó contra el, le acarició el cabello y volvió a besarlo.

Se habían quedado dormidos. Pero cuando amaneció, ella se levantó y bajó lista para partir a la Guerra. En la sala principal de la casa de Hyarmenhir estában reunidos los miembros más importantes del ejército, incluído Nurion.

-Buenos días Hyarmenêl!- exclamó Hyarmenhir felíz de haberle confiado una parte importante de sus hombres a tan buena guerrera- ¿Dónde está Rwenan?, aún no llega y lo necesitamos aquí.

Mornaórë rió.

-Tardará un poco en venir.

Fragmento 20 por Isilmeriele

Era temprano. Aún los rayos débiles del sol no lograban calentar la tierra húmedecida por la lluvia de la noche anterior. Pero era el gran día, el día que la Elfa había estado esperando desde que se había incorporado al ejército del Señor del Sur, convirtiéndose en una más de los suyos.

La calma reinaba todo alrededor, pero había algo más en el aire tenso e inmóvil. Como un lamento que se arrastrába entre los árboles del Bosque Rojo, una amenaza que comenzaba a preocuparle a la Elda.

Se acercó a Hyarmenhir, que parecía ahora, vestido de negro y rojo con una gran armadura, un Señor de los días antiguos. Lo miró con ojos profundos, lo examinó, y sintió su temor.

-¿Lo sientes verdad?- susurró ella.

-¿De qué hablas Mornaórë?- respondió el haciéndose en desentendido.

-Sé que lo sientes, no me lo niegues. Algo malo va a pasar mi Señor, y no es que esté cediendo hoy, pues las ansias de partir a la batalla me inquietan, pero ese sonido perdido en el silencio... parece el eco de la muerte.

-Cálla!- resopló el- No dejes que te invada ese sentimiento de desamparo que sienten muchos antes de la partida, pues no es nada más que tu mente, las artes de que el enemigo se vale para lograr que tu corazón flaquee y así seas una presa más fácil. No desanimes a mis hombres Mornaórë, dales las fuerzas que sé que llevas dentro, para que den todo de si en esta Guerra.

Ella se alejó de el, algo confundida y a la vez enfadada, porque sus presentimientos no eran otra cosa que la realidad que El no quería ver.

Rwenan bajó de la habitación y caminó con aire cansado hasta el terreno del bosque en donde se hallaban preparándose las tropas. Encontró a la Elfa mirando hacia la espesura, buscando con los ojos aquello que el viento le contaba.

-Mornaórë- dijo el acercándose y acariciándole el cabello.

-Oh Rwenan!, dime que lo oyes!, ayúdame a tener valor para enfrentar el canto de la muerte!.

El la miró sorprendido.

-¿De qué hablas?, no te entiendo.

Ella se llevó las manos a la cabeza.

-El aire está tenso, pon atención, escucha los sonidos de la sombra, me dicen cosas horribles, no debemos partir hoy!.

-Silencio- dijo el colocando sus dedos en los labios húmedos de ella- si, siento la quietud propia del bosque. ¿Sabes?, dicen que es un bosque extraño, pero no te fíes tanto de tu instinto, que puedeguiarte por el camino equivocado.

-¿Me pides que dude de mi poder?, no entiendes, ¡nadie entiende!- bajó la mirada- muchas tragedias sucederán en el camino, cosas que no se, que no me fueron reveladas. Pero iré, enfrentaré, lo haré por ti y por Hyarmenhir.

El no respondió, pues vió el temor que su corazón guardaba. Pero la abrazó para desvanecer aquel sentimiento de desamparo.

Los cuernos sonaron muy fuertes. Se tomaron de la mano y se miraron, unos segundos.

Ten valor, estaré a tu lado siempre.