Historia pública

El Bosque Negro

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Fragmento 22 por Exun

Fijamente miraban los Nazgul desde lo alto de la muralla que daba justo enfrente de la batalla. Las hordas de orcos caían sin compasión ante los potentes elfos, que dominaban sin agobio la situación. Al lado de rey Brujo apareció Yiskart, lugarteniente de Sauron avisando a los espectros de su entrada en la batalla. Como si de un viento huracanado se tratase desaparecieron los Nazgul de la muralla, para incorporase a la batalla. Un alarido de muerte se escuchó en el patio de armas de Dol Guldur, era la bestia alada del rey Brujo, la cual se preparó para surcar los cielos del Bosque Negro y exterminar a los elfos de Thranduil.

El señor elfo, que estaba detrás de la primera línea de arqueros, observaba orgullosamente como sus soldados ganaban terreno en la batalla y de cuando en cuando mandaba a un mensajero a dar las noticias a los Ents, que aguardaban pacientemente en la espesura del bosque. Pero poco le duro la cara de orgullo a Thranduil, en cuanto vio aparecer detrás de las puertas oscuras a las ocho jinetes negros empuñando sus terribles espadas. Justo detrás de los ocho, una sombra imperecedera avanzaba horriblemente hasta la posición de los orcos, era el rey Brujo liderando a los nueve. Las caras de impasividad de los arqueros elfos, se transformaron en caras de espasmo y terror. La magia que tenían sus arcos dejaron de hacer efecto, y un aire denso e irrespirable se adueño del campo de batalla. Ahora se sabía que los Nazgul estaban en la guerra.

Como si de un rayo se tratase, la primera línea de arqueros elfos cayeron en un sólo ataque de los jinetes oscuros, y los orcos se agrandaron por momentos. Ya no parecían los sucios y apestosos guerreros que habían estado derrotando tan facilmente los elfos, ahora habían crecido y parecía que su fuerza se hubiese triplicado. Pero en la oscuridad no distinguian bien los elfos. Esos orcos que tenían ahora más fuerza no eran ellos, sino los uruk-hai que se habían escondido detrás de la carga que habían hecho los Nazgul. El Señor de los Anillos había descargado ahora toda su furia, aunque todavía se guardaba algún que otro as en la manga, por si las cosas no iban bien.

Thranduil que empezó a notar que las cosas no iban bien, mandó a su mensajero a darle un aviso al jefe de los Ents para que entraran en la batalla, y eso fue lo que hicieron los pastores de árboles, que aparecieron como apisonadoras en el claro de la batalla. El fuego, la sangre, y el pánico se adueñaron de la situación, justo lo que necesitaban los Nazgul para recibir más poder. En uno de los momentos cruciales de la batalla el rey Brujo se enfrentó cara a cara con el jefe de los Ents, Acaciak, fiel amigo de Bárbol.

El jefe Ent le miró fijamente a las despobladas cuencas infernales del rey, y con un potente puñetazo tiró a la bestia alada contra las murallas de Dol Guldur. Sus enormes pasos asustaban a cualquier uruk-hai que luchaba por allí cerca, y en poco tiempo parecía que acabaría con el líder de los Nazgul. Pero eso es lo que pensaban los elfos, que impasivos vieron como un rayo negro y morado apareció de la nada y se incrustó en la espada del rey Brujo, dándole la suficiente fuerza como para saltar delante de Acaciak y partirlo en dos. Ahora los Ents estaban sin su líder, justo lo que quería Sauron para equilibrar la balanza a su favor, en cuestión de horas la batalla acabaría, por los menos eso pensaron los elfos, ahora que habían perdido a su mejor aliado. Después de la muerte de Acaciak, una horrorosa risa se escuchó por todo el campo de batalla, era Sauron el Señor de los Anillos.

Fragmento 23 por Thufir_Hawat

Bajo la montaña una horrible risa interrumpe el descanso de las frias aguas. En el centro del lago el heladoy fangoso promontorio comienza ha emitir una fria y palida luz. La enfermiza fosforescencia ilumina la caverna a la vez que un lejano lamento va tomando fuerza y los ecos se extinden por todo el subsuelo. El tañido de los tambores hace temblar los túneles de la mina y los gritos de agonia son ahora un clamor de miles de almas atrapadas en un tormento eterno.

De las sacudidas aguas del lago surge una pequeña y delgada figura, apenas se puede arrastrar por la embarrada orilla, un gran peso le hunde en el lodo. Sus grandes ojos y sus delgados labios se sierran como un puño sobre su pequeña nariz, se sujeta su deshilachada cabellera y grita:

-¡Nooo! ¡vienen a por el!-

-¡No! es nuessstro.-

-¡Calla! ¡Calla! ¡Sssilencio! o nos dessscubriran.-

Zambulléndose en el agua dirige su maltrado cuerpo hacia el islote. A pesar de su debilidad sus enormes pies palmeados y el coraje que fluye de su corazón le confieren una velocidad inaudita.

Por fin se alza sobre la isla.

-¡Siii! estas aqui, eresss mio.-

-¡Calla!, si no vendran y tendremos que huir. No queremosss eso ¿verdad mi tesssoro?.-

El dorado objeto motivo de la reverencia latia con enloquecedoras pulsaciones y con cada palpitación aumantaba su tamaño.

Un fulgor rojizo iluminaba la gruta como si fuesen las entrañas del mismisimo Orodruin. Del ensordecedor clamor una voz aspera y cruel se elevaba sobre las demás:

-Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas.-

El Señor Oscuro reclamaba su legado.

La criatura de rodillas sobre su adorado tesoro apenas mantenia una consciencia real de lo que ocurria a su alrededor, todo era deformado por las maleficas emanaciones del torneado objeto.

En un acto desesperado, haciendo acopio de todas sus fuerzas, tomo una piedra entre sus huesudas manos. Lo golpeo una y una y una y otra vez.

Con cada golpe , en las lejanas murallas de Dol Guldur, un enorme Ojo llameante qu epretendia verlo todo se apagaba más y más. Las formas espectrales que comandaban las huestes de orcos, comenzaron a retorcerse en sus sudarios y de sus vacias gargantas comenzaron ha brotar indescriptibles aullidos de deseperación.

El Ojo se apago, los espectros abadonaron sus mortajas y volvieron al exilio de su torre. Las ordas de orcos huyeron en desbandaday todavia deambularon muchos años por los bosques y caminos de Rhovanion, que nunca volvieron a ser un lugar seguro, excepto los protegidos por los elfos.

Los elfos no se atrevieron a traspasar las puertas de aquella fortaleza, temiendo que aquel terrible poder se hubiese enquistado en sus muros y pudiese despertar ante cualquier desazón.

En lo más profundo de las Montañas Nubladas el gelido lago vuelve a estar en reposo. Una profunda oscuridad reina de nuevo en la avobedada galeria.

De lo más profundo de la oscuridad surge un sibilino susurro:

-Ya passso mi tesoro.-

-No hay nada que temer, nooo, ya no vendran a molestarnos.-

-Duerme tranquilo sssi.-

Fragmento 24 por Exun

(Volvemos a la batalla, considero que lo narrado anteriormente rompe el esquema de acción de Dol Guldur).

El ojo sin párpado apareció en lo alto de la torre de Dol Guldur, imponente, crecido y poderoso ante los ejércitos que luchaban allá abajo en el campo de batalla. Sauron hizo crecer las llamas de su ojo y pronunció las siguientes palabras:

- Thranduil, Señor del Bosque Verde. Me apiado de tu alma, ya que serás derrotado como una vil criatura terrestre. El dolor y el sufrimiento que para ti no había sido conocido hasta ahora se hará patente en tu espíritu. Yo Sauron, Señor de Mordor y heredero de la Tierra Media te obligo a que me implores perdón por semejante ofensa hacía mi fortaleza- esas fueron las únicas palabras de Sauron que como apareció anteriormente volvió a desaparecer, igual que una poblada y oscura tormenta de otoño.

Thranduil que estaba refugiado en lo alto de los árboles, miró con desesperación la batalla e impotente vio como su último batallón de infantes elfos caía ante la poderosa magia negra de los Nazgul. EL rey elfo no se atrevió a presentarse en el claro de la batalla para contrarestar las palabras del Señor Oscuro, y como si de una veloz ráfaga de aire se tratase desapareció de la batalla con sus lugartenientes. Habían perdido horrosamente una batalla que veían fácilmente que podía haber sido suya, pero no sabían que los Nazgul estaban allí, y que por muchos Ents que hubiera, mientras tuvieran la magia negra en su poder no podrían hacer nada.

Después de ésta batalla Thranduil siguió plantándole cara al Señor de Mordor, pero oculto entre la espesura del bosque y contemplando horrorizadamente como en la Guerra del Anillo ejércitos enteros de orcos salían desde la fortaleza de Dol Guldur para destruir la Tierra Media. Gurtz el orco que había seguido durante toda la historia acabó muriendo en la batalla narrada anteriormente, siendo decapitado por un lancero elfo en una carga de los elfos contra los orcos. Este es el fin de la triste historia de una guerra por un bosque del que no pudieron hacer nada numerosos elfos. Legolas, el hijo de Thranduil representó en la Comunidad del Anillo al Bosque Verde, ahora llamado Bosque Negro, y a toda la raza élfica, ya que Thranduil no pudo viajar para representar a su pueblo, debido a los innumerables ataques de los orcos y los trolls a su reino. AQUÍ CONCLUYE LA HISTORIA DE LA BATALLA DE DOL GULDUR