Historia pública
Historia pública en desarrollo #6
Descripción
Los magos se reúnen para expulsar al nigromante... será la última vez que se reúnan.
Ambientación
Época del Hobbit.
Personajes
Los cinco magos.
(hey, lei las normas si y no me pase por alto de ellas, simplemente me parece bien que la historia siga)
Pallando y Alatar encabezaban la marcha seguidos por Gandalf, Saruman, Arthur, Ithrolas y Enthil, los dos arqueros. Radagast iba en la retaguardia hablando distraídamente con Beorn acerca de la miel que daban las abejas de sus campos en primavera y del olor de la hierba húmeda. Nadie más había quedado, incluso los grifos se habían marchado, por consejo de Radagast.
Después de observar durante un buen rato la zona norte de la fortaleza de Dol Guldur, idearon un plan. En una de sus largas conversaciones los Cinco habían acordado por unanimidad preparar un hechizo contra los esqueletos. Este devolvería a la tierra a todos los esqueletos contrarrestando así el poderoso hechizo de Sauron, sin posibilidad de reversibilidad. Lo malo es que tendrían que tener contacto visual con ellos para poder realizarlo.
Pero primero debían entrar, y en la parte norte de la muralla no parecía haber ninguna abertura o desnivel que hiciera posible flanquearla. Luego deberían poder esperar a realizar el hechizo, que les llevaría mucho tiempo, y debían hacerlo entre los Cinco, ni uno menos.
Entre tanto, cuando cesara la confusión, Beorn, Arthur, Ithrolas y Enthil debían de dar cuenta de todos cuantos se les pusieran en medio. Y todo esto contando con que funcionara el hechizo.
- Alatar, tiene que haber otra solución, es una acción casi suicida. ¿Crees realmente que dará resultado el hechizo?
- No lo sé Pallando, pero por nuestro bien debemos confiar en que así sea. Pero... ¡Espera un momento! ¡Aún hay esperanza!
Entonces Alatar comentó a la Compañía lo que se le había ocurrido. Según éste, había visto una parte de la muralla más debilitada que el resto, podrían hacer que los artefactos de Saruman volaran por los aires parte de la muralla como habían hecho con los esqueletos, así tendrían tiempo de preparar el hechizo, y simplemente tendrían que esperar a que selieran para usarlo desde una distancia prudencial. Lo malo es que seguirían estando agotados para una batalla después del hechizo, y serían muy vulnerables a los arqueros orcos.
Todos habían estado escuchando casi sin respirar las palabras que a trompicones salían de la boca de Alatar. Saruman habló entonces.
- Y ahí es donde nos hubiera venido muy bien la ayuda de estas gentes, pero no os desaniméis, todo saldrá bien. Muy buena idea Alatar, muy buena idea.
- Preparémonos entonces -gritó Gandalf.
[Editado por ololooo el 29-03-2005 16:35]
(epa, me estan pasando por alto)
[Editado por ololooo el 29-03-2005 16:36]
(yo no ignore tu relato, simplemente no lo entendi (en verdad no entendi desde que pusieron colorin colorado y algo mas) y me supuse que habia que continuar, disculpen si heri los sentimientos de alguien o simplemente se molesto con mi inocente ignorancia)
(bueno, pues al igual que tú nadie entendió nada a partir de ahí así es que escribí como si lo que puso Shidona13 hubiera sido un sueño y los magos todavía estuvieran discutiendo acerca de si las gentes se quedaban o se iban, ¿lo entiendes ya? Por eso procuramos hacer los relatos algo más explicativos, si no nadie se entera)
El nerviosismo se palpaba una vez más en el ambiente, y Arthur comenzaba a notarlo. Empezó a pensar que tal vez habría sido mejor volverse con el resto, que aquello era una locura, y que no merecía la pena el sacrificio.
Y es que el hechizo del nigromante era demasiado fuerte como para que un simple mortal, aun un aprendiz de mago, pudiera pasar indiferente ante él. Porque esta era, y había sido siempre, la mejor arma de el siervo de Morgoth: el miedo.
¿Como sobreponerse a él?. Perdidos en mitad de un sombrío bosque, lo único que asomaba en la mente de Arthur ahora era escapar. Pero la misión estaba clara, y su papel en ella bien definido. Saruman le tendió una bolsa de cuero, llena de frascos de polvo negro. Era su momento, el momento de demostrar su valía. Arthur se agazapó entre los árboles, y se asomó a la pared de la fortaleza, buscando el punto descrito por Alatar. Pero no había nada: la muralla parecía igual por todas partes.
Sobra decir, para el lector agudo, que Sauron había ocultado convenientemente el defecto de la muralla, descubierto demasiado tarde como para corregirlo. Y en esto consistía la misión de Arthur, precisamente. Porque nada resulta fácil cuando te enfrentas a Sauron, siervo de el Traidor, y si no preguntadselo a Arthur.
Se hallaba él en un terrible dilema, preguntándose cual sería el defecto que Alatar había visto, y entonces visualizó lo que parecía ser un punto extraño en el muro. No era en apariencia más débil, pero al menos era distinto, y esto le bastó al pobre Arthur para lanzarse hacia allí. Sería el mayor error de su vida, y también el último; si bien no porque se encontrase con la muerte en ese preciso instante, pues no fue el caso; sino porque de aquello aprendió a no confiar ni en el más sabio, y a no dejarse manejar nunca más.
Por supuesto, una vez más sobra decir que no era ese el punto débil, ni que tampoco era casual la apariencia de la muralla en ese punto.
Lo demás sobra describirlo. Se oyó una detonación tremenda, seguida de un grito de dolor; y entonces, Alatar el astuto, y el traidor a ojos de muchos; asomó la cabeza con una sonrisa. La explosión había engañado al hechizo, y ahora la entrada oculta se mostraba (pues no era un punto débil en la muralla, sino una puerta secreta lo que había descubierto Alatar, y el pobre Arthur no era más que un cebo, por supuesto).
Entonces Alatar habló a la compañía:
- La puerta es visible ahora ¡Aprovechémoslo!
- Abierta con traiciones, Alatar, no dejaré al pobre Arthur ahí tirado.- Y sobra decir que era Gandalf el gris el que hablaba, y temerariamente, pero también valientemente, el mago corrió en pos de su aprendiz, mientras el resto de la compañía avanzaba hacia la puerta.
Y suerte tuvo Arthur de perder tan solo un brazo, y no la vida, en aquella misión suicida. Y gimiendo de dolor, y cojeando, muy débil, acompañó a Gandalf a dentro, mientras las primeras alarmas sonaban y las primeras saetas silbaban.