Carta 163

Antecedentes

Tolkien escribió esta carta en respuesta a la petición de Auden de que le proporcionara información sobre El Señor de los Anillos, antes de la emisión que Auden tenía prevista en la BBC sobre este tema. Auden ya había reseñado La Comunidad del Anillo y El retorno del rey y le pidió a Tolkien reflexiones personales o «toques humanos» que pudiera compartir durante su charla.

Resumen

Tolkien explicó que escribió El Señor de los Anillos por una necesidad personal, impulsado por su deseo de leer el tipo de literatura que le gustaba pero que echaba en falta. Tal y como afirmó: «Escribí la trilogía por satisfacción personal, impulsado por la escasez de literatura del tipo que quería leer». Hizo hincapié en que la obra era fruto de su pasión, y no estaba escrita con el objetivo principal de complacer a los lectores: «No pensaba mucho en el beneficio o el disfrute de los demás; aunque, en realidad, nadie puede escribir ni crear nada de forma puramente privada».

Describió el proceso de escritura como una mezcla de invención y descubrimiento, y señaló que ciertos elementos de la historia, como los Ents, parecían surgir de su subconsciente. El nombre procedía de «eald enta geweorc». Recordó cómo el capítulo «Bárbol» parecía escribirse solo: «El capítulo titulado “Bárbol”, a partir del primer comentario de Bárbol… se escribió más o menos tal y como está, y me causó una gran impresión… casi como si estuviera leyendo la obra de otra persona».

Alegoría e interpretación

Tolkien abordó la cuestión de la interpretación y la alegoría, señalando que muchos lectores intentaban encontrar significados alegóricos en su obra. Se distanció de este enfoque, afirmando: «En ningún momento tuve en mente ninguna intención concreta, consciente ni intelectual». Además, rechazó la idea de que El Señor de los Anillos fuera una simple alegoría, afirmando que las historias transmiten inevitablemente verdades universales, pero que no deben reducirse a interpretaciones puntuales o particulares: «Es imposible escribir ninguna “historia” que no sea alegórica en la medida en que “cobra vida”».

Sin embargo, admitió que los lectores que disfrutaban del libro lo veían, en gran medida, como una narración apasionante, y esa era su intención principal al escribirlo.

Orígenes e influencia

Tolkien destacó su pasión de toda la vida por el lenguaje y describió cómo su amor por la estructura lingüística, la fonología y la resonancia emocional de las palabras dio forma a su narrativa. Habló de cómo las lenguas y los nombres están profundamente relacionados con las historias que creó: «Para mí, las lenguas y los nombres son inseparables de las historias», escribió, explicando que sus lenguas inventadas eran una parte esencial del proceso de construcción del mundo.

En él describía sus influencias lingüísticas, incluida su fascinación por el galés, el español y el finés. El finés, en particular, tuvo un profundo impacto en él: «Fue como descubrir una bodega repleta de botellas de un vino increíble, de un tipo y un sabor nunca antes probados». Este descubrimiento le inspiró a crear sus propias lenguas, que se convirtieron en parte integral del legendarium en el que se ambienta El Señor de los Anillos.

Tolkien remontó los orígenes de su legendarium a sus años escolares, mencionando su primer intento de escribir una historia sobre un dragón cuando tenía siete años. Su pasión por la mitología y la lengua fue creciendo con el tiempo y, durante sus años universitarios, comenzó a crear los mitos y leyendas que acabarían convirtiéndose en El Silmarillion y El Señor de los Anillos. Señaló que la primera historia completa de su mundo imaginario fue *La Caída de Gondolin*, escrita en 1916.

Sus experiencias durante la Primera Guerra Mundial, cuando estuvo hospitalizado y tuvo tiempo para escribir, influyeron en el desarrollo de su mitología. Contó que en 1918 leyó algunas de sus primeras obras ante el Club de Ensayos del Exeter College, entre ellas el relato de Gondolin.

El hobbit y su relación con El Señor de los Anillos

Tolkien describió los orígenes de El hobbit, que en un principio era un cuento infantil sin relación con el resto de su obra, pero que acabó entrelazándose con su mitología más amplia. Recordó cómo la frase inicial «En un agujero en el suelo vivía un hobbit» se le ocurrió de forma inesperada mientras corregía exámenes. Admitió que El hobbit estaba influenciado por otras obras de literatura infantil de la época, aunque más tarde lamentó algunas de sus «tonterías de estilo».

Tras el éxito de *El hobbit*, se le pidió a Tolkien que escribiera una secuela, que acabó convirtiéndose en El Señor de los Anillos. Este cambio requirió una importante reelaboración de sus mitos anteriores para adaptarlos a la historia de los hobbits y su viaje. Tolkien señaló que tardó en completar El Señor de los Anillos desde 1936 hasta 1953, y que su alcance y estructura se vieron influidos por su amplia mitología de fondo.

Giros inesperados

Tolkien reflexiona en varias ocasiones en esta carta sobre la naturaleza impredecible del proceso creativo. Explica que muchos aspectos de la historia parecían revelársele a medida que escribía, lo que a menudo le sorprendía. Describió cómo Trancos apareció de forma inesperada en «El Poney Pisador»: «Ver a Trancos sentado en un rincón de la posada fue toda una sorpresa, y yo no tenía ni idea de quién era, al igual que Frodo». Del mismo modo, otros elementos clave, como las Minas de Moria y Lothlórien, surgieron de forma orgánica a medida que avanzaba la historia.

Admitió sentirse desconcertado por ciertos aspectos de su propia obra, como los Palantíri, que solo le resultaron claros a medida que se desarrollaba la historia, y comentó: «No sabía nada de los Palantíri, aunque en el momento en que la piedra de Orthanc fue arrojada por la ventana, la reconocí».

Conexión personal

Tolkien compartió anécdotas personales que influyeron en algunos aspectos de la historia. Mencionó un sueño recurrente sobre una gran ola, que trasladó al personaje de Faramir. Este «complejo de la Atlántida» supuso para él una importante influencia emocional e imaginativa. También reveló que, de niño, le había picado una tarántula, lo que podría haber influido inconscientemente en la creación de Ella-Laraña, aunque afirmaba no sentir ningún miedo ni odio particular hacia las arañas.

Tolkien concluyó la carta con una nota personal, en la que expresaba su esperanza de que a Auden no le resultara aburrida aquella extensa respuesta. También le transmitió su agradecimiento por el interés que Auden había mostrado por su obra, señalando que eso suponía un gran estímulo. Por último, Tolkien expresó su deseo de hablar sobre la obra de Auden en un futuro encuentro.

Referencias

1. Esta ficha se ha importado inicialmente de TolkienGateway.net el día 27/05/2026.

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