Inmortalidad

El concepto de inmortalidad en Arda es muy complejo, ya que su naturaleza varía según las razas. Sin embargo, por lo general, se refiere al tipo de vida que tienen los Elfos, quienes no son inmunes a la muerte, sino que son incapaces de envejecer y morir a causa de una enfermedad (véase más abajo).

La inmortalidad de los Ainur

Los únicos seres verdaderamente inmortales (en el sentido de que no pueden sufrir la muerte ni ninguna pérdida de su ser) en Arda son los Ainur. Dado que proceden originalmente de más allá de , nada dentro de sus límites puede hacerles daño. Una de las razones de ello es que sus espíritus no necesitan un cuerpo para estar completos, a diferencia de los Encarnados. Los Ainur adoptan una forma visible a voluntad, y se decía que esta forma se asemejaba más a una vestimenta que a una encarnación propiamente dicha. La retirada forzosa de este «atavío» (como la que sufrió Sauron durante la Caída de Númenor) resultaba, en efecto, devastadora para un Ainu, pero no podía producirse a menos que el espíritu del Ainu ya se hubiera debilitado (véase más abajo) o que Eru interviniera directamente.

Los espíritus rebeldes más poderosos, Melkor y Sauron, sí sufrieron una pérdida de su ser, pero solo porque permitieron que parte de él pasara a formar parte de la materia de Arda. Este debilitamiento de su naturaleza original les permitió ser heridos por otros.

Algunos de los Ainur llegaron a encarnarse, entre los que destacan Morgoth y Gandalf. Mientras permanecían en esos cuerpos, podían ser desencarnados a la fuerza o «asesinados» (aunque no morían de vejez); pero no sufrían ninguna pérdida de su verdadero ser a menos que se hubieran debilitado previamente.

No obstante, al entrar en Eä, los Ainur quedaron ligados a ella, por lo que su destino tras el fin de esta parece incierto. Este hecho pone en duda su inmortalidad definitiva.

La «longevidad en serie» de los Elfos

Los Elfos no morían de vejez ni de enfermedad, como los Hombres, pero podían morir a causa de heridas y de su propio dolor. A diferencia de los Valar, experimentar la muerte (que es la separación de su fëa y hröasu ) va en contra de la naturaleza de los Elfos, ya que fueron creados para vivir como seres encarnados. Los Elfos tampoco estaban exentos del cambio y el envejecimiento, pero envejecían en un sentido diferente al de los Hombres: los Elfos se sentían cada vez más cansados del mundo y agobiados por sus penas, y vivían más en el pasado. En la Tierra Media, sus cuerpos eran consumidos lentamente por sus espíritus hasta convertirse en poco más que espectros, en lo Invisible. Sin embargo, los Elfos podían escapar de este destino viajando hacia el Oeste, a Aman.

Los Elfos también están ligados a Arda y no pueden escapar de ella mientras esta perdure, por lo que pueden reencarnarse tras la destrucción de su hröa. Cuando su fëa y su hröa se separan, la fëa puede viajar a los Salones de Mandos. Allí pueden quedarse o reencarnarse en un nuevo cuerpo idéntico al hröa anterior, tras ser liberados por Námo y ser juzgados por Manwë y Varda, quienes determinan que están absueltos de cualquier pecado o remordimiento de su vida anterior. Una vez reencarnados, suelen permanecer en Aman. Solo se conoce a dos Elfos que hayan abandonado Aman tras la reencarnación: Glorfindel, que fue enviado de vuelta a la Tierra Media, y Lúthien Tinúviel, que también fue enviada de vuelta a la Tierra Media como mortal.

No obstante, este mismo rasgo de su naturaleza implica que se desconoce cuál será su destino tras el fin de Arda; parece que los Elfos deben morir cuando Arda llegue a su fin. Deben recurrir al Estel para que les dé la esperanza de que esto no sea así. Por esta razón, la envidia que a menudo sienten los mortales hacia la longevidad de los Elfos proviene del desconocimiento de la naturaleza de dicha longevidad.

Dado que los Elfos pueden reencarnarse y que su destino tras el fin de Arda es imposible de discernir, la vida de los Elfos es una «longevidad en serie», no «inmortalidad».

La «inmortalidad» humana

La raza de los Hombres fue creada mortal, y ningún Hombre (salvo quizá Tuor) puede considerarse verdaderamente inmortal en ningún sentido (véase más abajo). Sin embargo, los mortales pueden ver prolongada su vida gracias a los efectos de los Anillos de Poder y otras artes oscuras. El ejemplo más infame es el de los Nazgûl, cuyas vidas se prolongaron casi 5.000 años gracias a sus Anillos, y el hobbit Gollum vivió 500 años por poseer el Anillo Único. Sin embargo, dado que una vida tan larga va en contra de la naturaleza biológica y espiritual de los mortales, se convierte en un tormento casi insoportable para ellos. Además, pierden su identidad e independencia; tanto los Nazgûl como Gollum habían quedado totalmente esclavizados por el poder de los Anillos.

Andreth le contó a Finrod una leyenda según la cual los Hombres eran inmortales, al igual que los Elfos.

No obstante, a diferencia de los Valar y los Elfos, el destino final de los Hombres parece mucho más seguro: se dice que participarán en la Segunda Música de los Ainur tras el fin de los días.

Referencias

1. Esta ficha se ha importado inicialmente de TolkienGateway.net el día 26/05/2026.

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